Carlos Salem: En el cielo no hay cerveza

Carlos Salem: En el cielo no hay cerveza. Barcelona: Navona, 2015. 429 páginas.

Poe es el elegido por el hijo menor de Dios para escribir su nuevo testamento. Poe ha tenido mil y un oficios, tirando más bien hacia los relacionados con la creación literaria, aunque su vocación le sugiere más los tugurios y tabernas de Madrid que las sillas de las redacciones periodísticas o las editoriales. Poe se mueve como pez en el agua (sería más apropiada la cerveza) en estos ambientes lumpen plagados de personajes de baja calaña. Desde luego el más estrafalario de todos los amigos de Poe es el hijo menor de Dios, Diosito.

Diosito es un friki vestido con sandalias y una túnica andrajosa, de baja estatura y un desagradable olor a pies. Diosito hace milagros como conseguir que aparezcan botellas de cerveza cuando pasa un camarero cerca o montar bolis Bic en su casa cuando nadie lo ve.
Diosito vino a la tierra para demostrar a su padre que él puede ser más célebre que su sumiso hermano mayor. Para conseguir acólitos a gran escala se rodeó de doce seguidores que compartieron con él giras de rock que siempre acabaron en desastre con alcohol, drogas y peleas a mansalva. Todos los intentos musicales no le hicieron ganar adeptos, así que decidió probar con el gran invento de su padre: la televisión.

Diosito compareció en el programa de telebasura rosa más visto en España. Si la intervención no empezó bien por la descreída parroquia de periodistas del corazón que no paraban de poner en duda su divinidad, el final fue catastrófico cuando Diosito quiso realizar un milagro que no dejara lugar a dudas sobre su legitimidad. El milagro fue un fiasco y Diosito quedo cubierto de oprobio y desacreditado como ídolo.

Antes de escapar y ocultarse de la sociedad, Diosito encargó a Poe que narrara su vida y milagros en un Evangelio de Cerveza-Ficción. 
Ahora, tres años después, mientras Poe acaba el mandato divino, los bodrio-periodistas que se rieron de Diosito en el programa comienzan a aparecer asesinados de manera salvaje y junto a cada uno de sus cadáveres, una nota: Ahora creeréis. Pero ya es tarde.
Poe es de los pocos que cree en la inocencia de Diosito: su amigo puede ser muchas cosas pero, desde luego, es incapaz de matar una mosca. Así que con la ayuda de un par de viejos amigos, el detective privado Arregui y el veterano policía "El Gato" y de su nuevo ligue, la despampanante periodista Angélica de la Guarda, comienza una cruzada para descubrir quién está detrás de los asesinatos.
Poe se enfrenta a fuerzas poderosas: a los antiguos discípulos de Diosito (ahora prósperos hombres de negocios que prefieren que su relación con Diosito no salga a la luz), al Vaticano, al padre adoptivo de Diosito, George S. Atan, y a la madre de Diosito, la exhippy airada Mariah. Sea quién sea el responsable está claro que una conspiración temible se ha conjurado para acabar con la vida de Diosito y para colgarle los muertos. El brazo ejecutor de la trama es otro viejo conocido de Poe, el policía sin escrúpulos El Perro.
Poe debe moverse con rapidez y valentía, recurrir a su intuición y a todos sus contactos y aprovechar su conocimiento de la vida nocturna de la capital para que el apocalipsis desvele al verdadero culpable. 

Carlos Salem ha construido una novela comedia esperpéntica que utiliza aquella vieja técnica de Max Estrella: poner la realidad delante de los espejos deformantes para que produzca una realidad grotesca que nos permita observar de otra manera y dudar de las apariencias más obvias.
En En el cielo no hay cerveza hay tres narraciones que se intercalan, todas con la voz en primera persona de Poe: por un lado, el evangelio que va explicando la vida pasada de Diosito y sus seguidores hasta su retirada al desierto tras el fiasco televisivo; por otro, la memoria de la vida de Poe hasta que conoció a Diosito y, por fin, la crónica de la investigación de los asesinatos y de la búsqueda de Diosito en el presente.
Es un deformado sainete con aires castizos, en donde el chotis ha dejado paso al rock y el costumbrismo popular se manifiesta en los programas casposos de televisión con audiencias demenciales, en los libros eróticos infumables que devoran las masas y, en general, en el show business que rige la ética contemporánea.
La denuncia de la superficialidad está muy presente en este juego irónico en el que las figuras de la religión católica han sido reconstruidas como personajes de la cultura pop: antiguos seres que provocaban terror y supersticiones son banalizados (y por tanto expuestos) en esta comedia por su búsqueda ansiosa del triunfo social, del reconocimiento que otorga la exhibición del lujo. La demostración pública de la ostentación del poder. Buscan un aplauso rápido, una aquiescencia sin compromiso: los medios para conseguirlos son irrelevantes.

hyperbole.es
Carlos Salem, Buenos Aires, 1959, reside en Madrid, donde es profesor del Centro de Formación de Novelistas.
Es autor de teatro, poesía, cuentos y novelas para jóvenes y adultos. Entre sus publicaciones de serie negra:

Camino de Ida. Barcelona: Navona, 2014
Un jamón calibre 45. Barcelona: RBA, 2011
Pero sigo siendo el rey. Madrid: Salto de Página, 2009
Muerto el perro. Barcelona: Navona, 2013
Matar y guardar la ropa. Barcelona: Navona, 2015
En el cielo no hay cerveza. Barcelona: Navona, 2015

Ha sido traducido al francés, alemán e italiano y ha ganado numerosos premios como el memorial Silverio Cañadas de la Semana Negra de Gijón o el Novelpol a la mejor novela policial




 

Renée Knight: Observada

Renée Knight: Observada. Barcelona: Salamandra, 2015. 315 páginas. Traducción del inglés (UK) de Carlos Mayor. Traducció del anglès (UK) al català, Ernest Riera Arbussà. Barcelona: 2015. 320 pàgines. Título original: Disclaimer. Londres: Doubleday, 2015.







Catherine Ravenscraft es una triunfadora de clase media inglesa. Es una reconocida profesional, realizadora de documentales que han dado mucho que hablar. Una mujer inteligente que no se achanta fácilmente, con capacidad para sacar información a los demás y
sin miedo a afrontar riesgos y peligros.
Catherine Ravenscraft está en la cuarentena y comienza a plantearse como será su vida a partir de ahora. Varios cambios importantes han ocurrido en poco tiempo. Por un lado, su hijo Nicholas ha dejado el hogar familiar y comparte una habitación con un grupo de estudiantes. Nicholas no es un estudiante, es un joven poco comunicativo, más cercano a su padre que a Catherine, que ha preferido aceptar un trabajo mal pagado en unos grandes almacenes a seguir fracasando en la parte académica. Nicholas ha tenido algún problemilla con la droga, pero sus padres han sabido reconducirlo al camino de la responsabilidad burguesa. Por otro lado, Catherine y su marido, el abogado de cincuenta largos Robert Ravenscroft, han decidido cambiar su vieja casa por un moderno apartamento que sea el símbolo de su nueva vida. Pero estos cambios no han animado precisamente a Catherine.
Una temporada de permiso en el trabajo para reformar la casa, la marcha de su hijo y el cambio de hogar la han deprimido más que revitalizarla. Apenas puede dormir y le cuesta mantener el tipo delante de su familia.
Pero su angustia no se debe a las pequeñas derrotas cotidianas.
A Catherine alguien le ha enviado un libro. Una novela que parece autoeditada. Una obra de no demasiado valor literario pero que engancha. Catherine no puede dejar de leerla. Es normal, ella es la protagonista.
Hace muchos años, cuando Nicholas era un niño de cinco años, Catherine veraneó a solas con él en España. Robert tuvo que regresar a Londres por trabajo.
El libro Un perfecto desconocido, cuenta lo que ocurrió en aquellos días en las playas de Andalucía. Y, desde luego, Catherine no quiere recordarlo. Le había costado tanto enterrarlo que ahora es incapaz de afrontarlo. Además, el libro no acaba en España. La Catherine de la novela (Charlotte) volvió a Londres, a su vida normal. Muchos años más tarde es asesinada por un rabioso vengador.
Catherine está aterrada, pero no se arredra. Pronto descubre que detrás de la novela y de la campaña de destrucción está el anciano profesor Stephen Brigstocke. Él y su fallecida esposa escribieron la novela para denunciar a Catherine. Y la cruzada del viejo no ha hecho más que comenzar. Tiene a Catherine en su punto de mira continuamente y ha enviado ejemplares de la novela a su hijo, a su marido, a sus colegas de trabajo. No parará hasta que el desvelamiento de la verdad aniquile a Catherine. Ojo por ojo, diente por diente.

Renée Knight ha construido está novela con dos voces narradoras. La acosada acosadora Catherine Ravenscroft es observada por un narrador en tercera persona. La sigue en su vida familiar, en su entorno laboral y en su lucha interior por salir adelante. El anciano Stephen Brigstocke narra en primera persona. Explica cómo descubrió los escritos de su mujer, cómo los pulió y editó, cómo los envió a las personas indicadas para que se impartiera justicia. Y explica su incansable cacería.
La acción temporal salta entre el presente (Londres, 2013) y el pasado de hace veinte años en la costa andaluza (con alguna regresión temporal a los momentos en que Stephen Brigstocke comienza a urdir su plan).
Son dos personajes complejos. Ambos han vivido del análisis del lenguaje, del manejo de la palabra. Él, como profesor de literatura inglesa, ella, como documentalista y entrevistadora. Él hace tiempo que ha perdido la fe en la palabra. Ya sólo utiliza la comunicación para mentir, para manipular a los muy pocos que quedan a su alrededor y así conseguir su objetivo: vengarse de Catherine. Ella continúa sirviéndose con destreza de la palabra. Sus diálogos con sus colegas están llenos de ingenio y autoridad. Pero cada vez le cuesta más comunicarse con las personas que le importan.
Y aquí está el juego de la novela. Es evidente que es difícil expresar los sentimientos más profundos, incluso los más someros. Pero lo que dice aquí Knight es que cada vez nos cuesta más escuchar a los demás.
Vivimos en un momento en el que somos nosotros nuestros propios explotadores (hay que leer a Byung-Chul Han al respecto, ofrece una ideas impecablemente construidas). Estamos tan absorbidos por el trabajo y por la exigencia continua de aparecer como guapos, dinámicos y ocurrentes que apenas podemos dedicar tiempo a lo que los demás sienten y a lo que nos quieren decir.
Creamos estereotipos porque no queremos perder tiempo analizando la evolución de nuestros seres queridos. Es más cómodo. No hay que dejar que hablen, puede ser doloroso y puede hacernos perder nuestro valiosísimo tiempo.
Jugando con estos conceptos de errores y debilidades en la comunicación, Knight prepara unas cuantas sorpresas y giros inesperados en los momentos álgidos de la acción que consiguen que la novela mantenga el interés por la intriga de manera continua.

Observada es otro ejemplo de las novelas negras escritas por mujeres sobre mujeres de clase media a las que los cambios en su entorno familiar o económico han provocado transformaciones drásticas en su vida cotidiana. Desde Perdida de Flynn a La mujer de un solo hombre de A.S.A. Harrison o Los ciervos llegan sin avisar de Berna González Harbour, Sé dónde estás de Claire Kendall o incluso La chica del tren de Hawkins. Todas ellas diferentes, pero reflejando el papel de la mujer en estos tiempos de crisis. El comportamiento de la mujer de clase media o ex-clase media en medio de la autoexigencia.

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Renée Knight, ha trabajado para la BBC como directora de documentales de arte. Ha trabajado también para Channel Four y Capital Films. En 2013 se graduó en un curso de literatura en la Faber Academy como consecuencia del que vería la luz Observada, su primera novela. 

Pierre Lemaitre: Irène

Pierre Lemaitre: Irène. Barcelona: Alfaguara, 2015. Traducción del francés al castellano de Juan Carlos Durán Romero. 395 páginas.

Pierre Lemaitre: Irène. Barcelona: Bromera, 2015. Traducció del francès al català de Albert Pejó. 345 pàginas. 

Título original: Travail soigné. Paris: Éditions du Masque, 2006.


El comandante Camille Verhoeven está al mando de un reducido grupo de policías de la brigada criminal de París. Es un hombre fuera de lo común. Ha ido venciendo las reticencias que su particularidad física (el comandante no mide más de 145 cms.) crea a su alrededor. En el campo profesional es respetado por su sagacidad y sus dotes de liderazgo. En el campo afectivo vive con la bella Irène, embarazada y afectuosa. Están enamorados.
El desasosiego llega a la vida profesional del comandante Verhoeven. Dos cadáveres de jóvenes prostitutas terriblemente torturadas, mutilados. Verhoeven indaga: El asesino ha dejado su firma en forma de una falsa huella dactilar. Verhoeven indaga: es la misma huella que apareció en otro crimen tiempo atrás y no resuelto. Otro espantoso asesinato: más mutilaciones, vejaciones y torturas. Verhoeven se ilumina: el crimen más antiguo sigue paso por paso el que describe James Ellroy en su novela La dalia negra. Verhoeven comprueba: los servicios de un librero de viejo y un profesor de literatura especializado en novela negra lo confirman: el primer crimen es la puesta en escena del reflejado por Bret Easton Ellis en American Psycho.
¿Qué queda? Repasar todos los crímenes sin resolver que sean idénticos a los descritos en clásicos de la novela criminal.
¿Una idea peregrina? Eso les parece a los jefes de Verhoeven (hasta que comienzan a cuadrar algunos asesinatos archivados). Y a la prensa. Philipe Buisson, el reportero especializado en sucesos de Le Matin, emprende una campaña en contra de los métodos y los modos del comandante Verhoeven. Y eso hace daño, sobre todo si el periodista está tan bien informado que la policía no puede guardar en secreto ni uno sólo de sus avances. Hay que sospechar de todos los compañeros de la comisaría, posibles topos.
Con todo ello y con el avance en la gestación de Irène no es extraño que el comandante Camille Verhoeven esté un tanto agobiado. Ya sólo le faltaba que el asesino se ponga en contacto con él para felicitarle por su ingenio y para retarle a saber cuál será la novela que inspirará su próximo crimen y a que intente salvar a la siguiente víctima.

Irène es la primera novela de las protagonizadas por el comandante Verhoeven. Las siguientes, Alex, Rosy & John y Camille, serán publicadas en breve por Alfaguara en castellano (de hecho Alex, la segunda,  ya estaba publicada en castellano, por esas cosas de las decisiones editoriales del país).
Esta primera reúne las principales cualidades del muy buen escritor que es Pierre Lemaitre: el dominio del tiempo narrativo, la capacidad de dibujar personajes diferentes con poca información, el uso de un lenguaje sobrio y de unos diálogos plenos de información que forman la acción y a los personajes.
A Lemaitre, además, le encanta jugar con el lector. En esta novela las sorpresas no son de la dimensión artificiosa y forzada de Vestido de novia. Son más bien una propuesta lúdica, resolver el enigma: ¿qué crimen corresponde a qué novela?
Este juego no es la única construcción metaliteraria de la novela. La estructura misma de la narración se sustenta en otro ardid metaliterario. El misterio sólo puede ser desvelado a partir de la comprensión de este ingenio.
La novela es un homenaje a los clásicos de la novela negra de todos los tiempos y lugares (y sirven a Lemaitre como excusa para sus macabras, sanguinolientas y detalladas descripciones de sierra mecánica) y también a los tópicos del género (como la deformidad del héroe frente a la sociedad, lo que permite describir cómo el mundo trata a los diferentes de todo tipo) y también a los lectores de este tipo de género.
Los policías de Lemaitre tienen ese je ne sais pas quoi que tienen los policías de las novelas de lengua francesa desde George Simenon, ese modo de hablar, de expresarse, de pensar que los hace diferentes a los de otros países. Intento sistematizar esas características, pero, de momento, sin éxito.

france3-regions.francetvinfo.fr

Pierre Lemaitre, Paris, 1951. Ha escrito varias novelas negras ganadoras de numerosos premios:
Travail soigné (2006) (Irène, Alfaguara, Bromera, 2015)
Alex (2011) (Alex, Grijalbo, 2013, Alfaguara, 2015)
Sacrifices (2012)
Rosy & John (2013)
Estas cuatro forman las protagonizadas por el comandante Camille Verhoeven.
Robe de marié (2014) (Vestido de novia, Alfaguara, 2014)
En el año 2013 ganó el Premio Goncourt, el más prestigioso de los concedidos en lengua francesa, por
Au revoir là-haut (2013) (Nos vemos allá arriba, Alfaguara, 2014. Ens veurem allà dalt, Bromera, 2014).

Fabio Girelli: Villa Triste

Fabio Girelli: Villa Triste. Barcelona: Sd.edicions, 2015. 448 páginas. Traducción del italiano de Nadia Bettini con correcciones de Daniel F. Patricio. Título original: Marmellata di Rose. Turín: Lineadaria Editore, 2012.

El comisario Castelli trabaja en Turín. No le gusta demasiado el trabajo constante y concienzudo. Prefiere esperar la iluminación y que el resplandor guíe sus investigaciones. El comisario Castelli no es apreciado en exceso por sus colegas. Hay pocos que aguanten sus días inspirados, y ninguno que soporte sus días lánguidos, sus escaqueos, sus insultos a subalternos y a camaradas. Al comisario Castelli no le gusta trabajar cuando la melancolía, el tedio o la neurastenia le asaltan, o cuando no le interesan los casos a resolver.
Esta semana ha comenzado a investigar unos espeluznantes asesinatos junto a su último defensor en la comisaría, el inspector Giordano, y al genio de los cadáveres, el doctor forense Canova.
Primero, una muerta torturada en una cantera de las afueras de la ciudad (sin sangre, sin rastros de lucha); pocos días después, otra joven torturada y atrozmente asesinada en las alcantarillas, y a continuación un feto en una casona abandona, Villa Triste. Y luego más cadáveres, todos asesinados tras padecer suplicios sinnúmeros.
La cosa parece complicada. El comisario Castelli tiene dos apoyos que nunca le fallan en los casos complicados. Por un lado, el dueño necrófilo del restaurante Santo Domingo, el sabio Renato, grande en los fogones y enorme en erudición sobre torturas de cualquier tipo. Renato está convencido de que un antiguo grupo fascista está detrás de las muertes: son los mismo métodos que utilizaron al final de la guerra. Por otro lado, cuenta con la muy discreta complicidad del sutil agente Saverio, desde su sepulcro jamás impide que las ideas estrambóticas del comisario fluyan libres
Junto a la tumba oscura donde yace su amigo, el comisario Castelli encuentra a otro personaje peculiar. El signore Saverio -que dice ser un antiguo espía- cada día comparte con la lápida de su amadísima esposa una opípara comida que él mismo ha preparado. Y de paso da palique al policía.
El anciano Severio también anima al comisario Castelli a seguir con su investigación cuando todo apunta a que el asesino es su colega el forense Canova, desaparecido tras el último asesinato, esta vez el de un agente de la policía turinesa.
Las teorías extravagantes del comisario Castelli le han servido para que sea retirado del caso y apartado del servicio durante unos días. Claro que el comisario Castelli no renuncia así como así a sus intuiciones. Está convencido de que el doctor Canova es otra víctima, y de que una conspiración de fascistas centenarios está detrás de los macabros asesinatos. Convencido de que prácticas sexuales extremas, antiguas rencillas políticas y deudas de sangre y de dinero están detrás de todos los crímenes. El tiempo se acaba y los recursos son limitados. Parece que tan solo él puede descubrir el rostro de la bestia y rescatar a las víctimas que quedan con vida.

Fabio Girelli ha puesto en marcha un vodevil macabro en el que todos los personajes tienen un papel crucial en la trama. No hay personajes secundarios: la acción se retorcerá hasta que todos tengan las manos manchadas de sangre o de alguna otra sustancia pringosa.
A veces la novela recuerda la novela negra italiana con más deuda con el realismo mágico, las del comisario Ricciardi de Maurizio de Giovanni, por ejemplo, o las más costumbrista de Camilleri. A veces se acerca al comisario Adamsberg de Fred Vargas y a sus métodos intuitivos y heterodoxos.
Poca denuncia social y mucho misterio a resolver, más Agatha Christie que Vázquez Montalbán diría yo, y un argumento machihembrado para que todo quede bien cerrado y las junturas aguanten.
Hay que buscar un entretenimiento sin sorpresas para encontrar un protagonista melancólico, sin demasiada implicación con su trabajo y un tanto ciclotímico, un poco de acción de sierra mecánica (Justo Navarro dixit) y una resolución a la forma más clásica de las novelas de enigmas.

www.muchomasqueunlibro.com
Fabio Girelli, Biella, 1980. Se graduó en Literatura Moderna y se doctoró en Geografía Lingüística en la universidad de Turín. En Italia ha publicado una primera novela: Tutto il villaggio lo saprà en 2012 a la que siguió esta Marmellata di Rose, que se hizo con el premio MicroEditoria di Qualità 2014.
Es miembro fundador del grupo ToriNoir




Sandrone Dazieri: No está solo

Sandrone Dazieri: No está solo. Barcelona: Alfaguara, 2015. Traducción del italiano de Xavier González Rovira. 551 páginas. Título original: Uccidi il padre. Milan: Mondadori, 2014.

Una policía, Colomba Caselli, de baja tras el desastre sangriento en el que acabó su último caso. Una víctima, Dante Torre, que permaneció secuestrado y aislado más de una década cuando era un niño hasta que consiguió escapar. Estos son los protagonistas y sus papeles, policía y víctima. Aunque son papeles intercambiables. Dante Torre es extremadamente observador, intuitivo e inteligente. Se dedica a la investigación privada. Colomba Caselli está hecha polvo porque fueron responsabilidad suya las muertes en un atentado que pudo impedir. La autocompasión le sugiere que abandone el cuerpo.
Caselli y Torre se conocen cuando el antiguo jefe de esta, Rovere, les encarga que investiguen la desaparición de un niño y la muerte de su madre. Todas las pistas apuntan al padre maltratador, pero Rovere tiene dudas, prefiere una encuesta extraoficial. Dante Torre comparte sus sospechas: está convencido de que el asesino y secuestrador es el mismo que le raptó y retuvo a él hace veinte años: El Padre.
Colomba y Dante comienzan una carrera contra el tiempo, contra las evidencias que les convierten en sospechosos y contra sus propios miedos y traumas. Deben encontrar al pequeño, pero conforme avanza la investigación el enemigo aparece más poderoso e inatacable. Lo que comenzó como la caza de un psicópata genial se acaba transformando en la lucha contra una conspiración internacional gigantesca que va cambiando de forma.
Dante deberá vencer los miedos que le produjo su terrible infancia, la claustrofobia, la sociopatía, la incapacidad de empatízar. Colomba sus rígidos principios de policía que le impiden saltarse la ley o asociarse con delincuentes conocidos. Para rescatar al prisionero deben poner en juego su integridad física y su estabilidad psíquica. Ambos son luchadores vehementes.

Dazieri ha escrito un thriller ágil. Se nota su experiencia como guionista de series de acción: el ritmo apenas tiene altibajos, mantenido con cambios y giros no tan tramposos como en otros thrillers. Dazieri, además, permite un amplio margen al lector para que forme a los personajes. No está abrasando la novela con los porqués de cada palabra, acción o motivación. Deja que sea principalmente el diálogo el que estructure a los protagonistas. Si esto se hace con pericia el éxito es seguro: la imaginación de cada lector construye los héroes más trágicos, los malos más miserables y los galanes más simpáticos y arrojados para sus propios gustos. Conseguir que el lector trabaje es la base del éxito en la literatura. Y no es fácil.

Además de con la fluidez y naturalidad de los diálogos, Dazieri cuenta con un gran conocimiento del género. No ha querido hacer una novela negra sino un thriller, más acción que denuncia, por decirlo de alguna manera. Más sangre que podredumbre.
Ha preferido utilizar algunos toques de farsa antes que de drama. Ha creado un héroe desolado por las torturas psicológicas y con una personalidad genial e insoportable, pero que está más cerca del loco investigador de El laberinto de las aceitunas de Mendoza que del Harry Hole de Nesbo. No es una comedia, que quede claro, pero tampoco arrastra las toneladas de trascendencia dramática de otras novelas.
En este sentido, es entretenido comparar como argumentos similares: redes de pedofilia, secuestros y experimentos psíquicos son tratados de manera tan diferente en novelas que coinciden en el momento de su publicación en este país por Dazieri y por Erik Axl Sund, y con resultados más que correctos en ambos casos. Otro día hablaremos de estas coincidencias temáticas que cada vez se dan más en el mercado editorial. Modas temáticas.

Pues eso, un thriller con ritmo, protagonistas simpaticones a los que les llueven hostias y con un interesante margen de maniobra para los lectores (con sus límites, claro). El final asegura que habrá secuela.

www.sandronedazieri.it
Sandrone Dazieri, Cremona, 1964. Periodista especializado en temas culturales y en crítica literaria. Guionista de series televisivas policiales como Squadra antmafia o R.I.S. Roma. Director editorial de la colección negra de la editorial Mondadori: Il Giallo Mondadori.
No está solo es su primera novela traducida al castellano, aunque en Italia es conocido por algunas otras, entre ellas las de la serie Gorilla:
Atentti al gorilla, La cura del gorilla, Gorilla Blues o Il Karma del gorilla 



Edward Bunker: La educación de un ladrón

Edward Bunker: La educación de un ladrón. Autobiografía. Barcelona: Sajalín, 2015. Traducido del inglés (USA) por Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté. 589 páginas. Prólogo de Kiko Amat. Título original: Education of a Felon. A Memoir. New York: St. Martin's Press, 2000.
Edward Bunker nació en Hollywood. Su madre era corista de vodevil y su padre tramoyista. Cuando Edward tenía cinco años sus padres se divorciaron y lo llevaron a una casa de acogida. A los cinco años tuvo que aprender a defenderse por sí mismo. Y se convirtió en un especialista en buscarse la vida. Su infancia y adolescencia la pasó entre internados, granjas de trabajo, asilos y centros para jóvenes delincuentes. Pero Edward odiaba estar encerrado. Se escapó de todos los centros en los que estuvo ingresado y fue tirando con pequeños robos y estafas.
Cuando todavía tenía 17 años fue encerrado en San Quintín, convirtiéndose en el recluso más joven de la prisión. La furia de Bunker le llevó a no doblegarse jamás, a no arredrarse ante ninguna pelea y a anticiparse a los acontecimientos. La furia de Bunker le llevó a conocer las palizas de los vigilantes, las celdas de castigo, las penas disciplinares y las luchas con pinchos y puños. La furia de Bunker le llevó a pasar 18 años de su vida encerrado en prisiones de USA, entre ellas las famosas San Quintin y Folsom (desde la que no se oye el tren, por mucho que insista el gran Johnny Cash).
Aunque Edward Bunker parecía bien adaptado para la vida entre rejas, buscaba todas las maneras posibles para escaparse o evitar la prisión. Lástima que cuando estaba fuera fuera incapaz de llevar una vida corriente y legal con algún trabajo asalariado. "Simplemente no son para mi". Las ansias de aventura y de disfrutar de lo que él consideraba los placeres de la vida: mujeres, buena ropa, drogas, coches, cenas en restaurantes de lujo... le llevaron a meterse en un lío tras otro y a no aprovechar las oportunidades que alguno de sus benefactores le ofreció.
Su prinicpal defensora fue Louise Wallis, una millonaria esposa de un magnate de Hollywood que le ayudó siempre que pudo y le animó en su afición de escritor.
Gracias a Louise Wallis entró en contacto con la alta sociedad californiana. Conoció A William Randolph Hearst, a Marion Davis y a Tennesse Williams entre otros personajes famosos. Incluso soñó con trabajar en la industria del cine, pero el tener amigos poderosos implica ganarse enemigos del mismo nivel.
Una vez más, Edward Bunker acabó en prisión por asaltos a mano armada, estafas con cheques y varios delitos más. A partir de ese momento Bunker será testigo del cambio de las relaciones entre presos en el interior de los centros penitenciarios. Empieza la lucha de razas que acabará con la segregación violenta de latinos, negros y blancos: motines, asesinatos, secuestros.
Desde que era un crío Bunker estuvo fascinado por la lectura y los libros. Ya en los correccionales leía todo lo que caía en sus manos para evadirse del entorno físico. Su afición continuó durante toda su vida en prisión, aumentado más y más la complejidad de sus lecturas. A la vez iba escribiendo cuentos y novelas que iba enviando a diferentes agentes literarios. Enviar un manuscrito desde la cárcel en aquella época costaba (literalmente) dejarse la sangre. Los primeros manuscritos fueron rechazados, pero cuando No Beast So Fierce fue recibida por su agente enseguida consiguió venderla y la carrera de Bunker como escritor comenzó a ser rentable.
Edward Bunker, más maduro y un pelo más sosegado, consiguió publicar unas cuantas novelas excelentes y algunos papeles muy secundarios como actor en producciones Hollywood y europeas. Eso le permitió mantenerse alejado de las prisiones.
La rabia de Bunker se canalizó hacia la escritura de alguna de las mejores novelas negras norteamericanas del último cuarto del siglo XX.

Este es el material con el que Edward Bunker hizo todas sus crudas novelas. Cada una de ellas se basa en anécdotas vitales del propio Bunker o de sus conocidos. Y aquí está su vida, al menos hasta que cumplió los cuarenta.
La ingenuidad y las ganas de vivir son las fuerzas motrices de su narración. Bunker intenta de vez en cuando justificar sus decisiones, explicar porque opta siempre por la opción más peligrosa. Dice que las circunstancias y el entorno lo arrastraron, pero eso es decir poco de su personalidad: Edward Bunker no se doblegaba con facilidad ni ante la agresión física, ni ante la presión psíquica, así que hay que buscar su tendencia a meterse en líos, en convertirse en un criminal, en otro lugar (aunque no desdeñemos la crudeza de lo que le tocó apechugar siendo un mocoso). Y para mi son esas ansias de aventura, de consumir la belleza de la vida, de ver cosas que pocos han visto lo que le llevan a estar dispuesto a pagar el precio de la prisión. Edward Bunker fue maldecido con una gran inteligencia y una portentosa curiosidad.
Bunker era duro pero, muchas veces, claro, su comportamiento es pura fachada: "Que empezara el juego. La bravata enmascaraba un vacío interior que era casi absoluta desesperación" (449). Pero, aún así, prefiere conocer los placeres de la vida antes que admitir un trabajo monótono que le impida disfrutarlos, que no le deje enterarse de qué cosa sea eso de la vida.

Bunker despliega aquí toda su capacidad narrativa basada en un ritmo continuado debido a la multiplicidad de pequeñas historias que van enredándose con la historia principal. Cada uno de los muchos personajes de diferentes clases sociales que aparece en las memorias tendrá su parte de aventura. O han vivido una anécdota que sirve para crear el ambiente que Bunker busca o han compartido con Edward alguna trapacería que hace que la acción avance. La cantidad de información y la sinceridad de Bunker en la manera de contar son los dos grandes encantos de su obra. Tantas historias, tantos personajes, tantos ambientes y tantas ganas de conocer todo.
Los encierros periódicos sirvieron para dos cosas en el caso de Bunker: por un lado tuvo que buscar un escape intelectual a su angustia a través de la lectura; por otro fue creando un puesto de observación del mundo en libertad que le permitió convertirse en escritor.
"El encarcelamiento tiene, al menos, el aspecto beneficioso de dejar que el preso vea el mundo como el artista, con una mirada nueva" (456).
Hay que leer a Bunker, hay que dejarse arrastrar por su escritura auténtica y plena de acción, por la modernidad de esos ambientes tan alejados de las producciones políticamente correctas de su época, por la ingenuidad del criminal y por el inquebrantable deseo de gozar de la vida.

Edward Heward Bunker, Los Ángeles, 1933 - Burbank, 2005. Quién quiera conocer su biografía que lea La educación de un ladrón. Hay poco más que añadir, además de que fue uno de los diez delincuentes más buscados por el FBI y que ganó fama internacional como actor con Tarantino y su Reservoir Dogs (ese Mr. Blue con cara de duro). Su obra publicada:
No Beast So Fierce (1973). No hay bestia tan feroz. Barcelona: Sajalín, 2009.
The Animal Factory (1977). La fábrica de animales. Barcelona: Sajalín, 2011.
Little Boy Blue (1981). Little Boy Blue. Barcelona: Sajalín, 2012.
Dog Eat Dog (1995). Perro como perro. Barcelona: Sajalín, 2010.
Education of a Felon. A Memoir (2000). La educación de un ladrón. Autobiografía. Barcelona: Sajalín, 2015.
Stark (2006). Stark. Barcelona: Sajalín, 2010.
Death Row Breakout and other Stories (2010). Huida del corredor de la muerte. Barcelona, 2014.

Con la edición de esta traducción que Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté hicieron en el 2003 para Alba editorial, Sajalín ha traducido al castellano todas las obras publicadas de Edward Bunker. Bravo por Sajalín y por su gusto ineluctable para la novela negra. Y bravo por el prólogo de Kiko Amat.



Antonio Altarriba & Keko: Yo, asesino

Antonio Altarriba & Keko: Yo, asesino. Barcelona: Norma, 2014. 134 páginas.

Enrique Rodríguez Ramírez es profesor de Historia del Arte en la Universidad del País Vasco. El profesor Rodríguez ha ganado fama internacional como conferenciante sobre arte y crueldad. El profesor Rodríguez ve como su mundo laboral se estrecha debido a las envidias. Ve como el mundo académico se enturbia debido a los manejos políticos abertzales. Ve como el mundo familiar se desvanece por la incomunicación de la falta de amor. Pero para el profesor Rodríguez todo esto son nimiedades. La misión del profesor Rodríguez es la de sublimar el asesinato como una de las bellas artes.

El artista asesino Rodríguez monta sangrientas performances en las que la muerte es el sujeto. A veces se trata de asesinatos rápidos, anónimos, intuitivos. Otras veces de montajes con días y semanas de dedicación y arduo trabajo. Rara vez hay un beneficio personal material tras las obras del artista asesino Rodríguez. Está más preocupado por la técnica y la implicación estética de sus intervenciones que por lo que lo que él pueda sacar de las muertes.
El artista asesino Rodríguez debe andarse con cuidado. Tanta actividad artística comienza a dejar huellas que apuntan al profesor Rodríguez, y el mundo académico es un mundo miserable en el que muchos estarían encantados en ver convertido al profesor Rodríguez en el enchironado artista Rodríguez.
Claro que la vocación de Rodríguez es una voz demasiada poderosa como para desoírla así como así.

Keko ha dibujado un universo de claroscuro para contar la historia de este profesor psicópata que va rompiendo las relaciones con su entorno para dedicarse a su macabra interpretación artística. Altarriba ha creado un personaje solitario, frío, con una misión en la vida, enfrentado a los ámbitos académico de la universidad y profesional de los teóricos del arte -mundos descritos sin profundizar demasiado, maniqueos, tan solo como contraste con la pureza maníaca del protagonista-. Tampoco es que las teorías estéticas y de historia de la pintura estén demasiada elaboradas, sirven más bien para plantear el enfrentamiento banal (asesinatos aparte) entre dos tendencias de moda que triunfan una sobre la otra según el viento que sople. Y hay mucho que ganar.
Keko y Altarriba quieren hablar más bien de la ambición pervertida, capaz de cualquier cosa con tal de conseguir el poder y el reconocimiento; a esa ambición que rodea en todos los campos a Enrique Rodríguez se opone su integridad destructora artística. ¿Un loco asesino? Claro, pero es el único que no busca prestigio o fama.
Keko y Altarriba han conseguido un cuento cruel en el que ni las víctimas merecen compasión. Desde la situación de crisis en la que se encuentra en estos momentos Enrique Rodríguez nos cuenta en primera persona, mediante flasbacks y rememoraciones, su iniciación en la actividad artística sanguinaria y su currículo como artista del cuchillo. Todo lo que le rodea es mezquino así que la única manera coherente que tiene de denunciarlo es dejando unos cuantos cadáveres elucubrados con mucho arte.

ficomic.com

Keko (José Antonio Godoy) ha trabajado en revistas y diarios y cuenta con una enorme producción entre la que destaca 4Botas premio a la mejor obra en el XXI salón del cómic de Barcelona. Se reconoce su estilo sobrio con un ejemplar manejo de las sombras y el claroscuro.
Antonio Altarriba es novelista, guionista de cómic y profesor de filología francesa en la Universidad del País Vasco. En 2010 ganó el premio nacional del cómic por El arte de volar