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Ted Lewis: La ley de Carter

Ted Lewis: La ley de Carter. Barcelona: Sajalín, 2018. 257 págs. Traducción del inglés de Damià Alou. Título original: Jack Carter's Law. London: Michael Joseph Ltd., 1974.


Jack Carter es algo más que un sicario de los gemelos Fletcher. Es su hombre fuerte. Él protege a los hermanos bandidos Gerald y Less, se ocupa de los asuntos más sucios y dirige sus negocios más turbios. Una relación de mutua confianza: incluso mantiene una relación de lo más estrecha con la tercera pata de los socios Fletcher, con Audrey, la mujer de Gerald.
Así que lo que le toca a Carter ahora es buscar a uno de los secuaces de la banda que ha desaparecido. El problema no es que nadie encuentre a Jimmy Swann, si no que se lo ha tragado la tierra después de pasar unos días invitado en las instalaciones de la policía londinense. No hay que ser un Einstein para sospechar que hay un trato de por medio y Jimmy sabe mucho sobre las actividades de los Flechter -y de Carter, claro-.

Gerald y Less Flechter deciden poner pies en polvorosa y dejar a Carter y a su compinche Con McCarty investigando el paradero del soplón antes de que testifique. Carter y McCarty lo buscan por los lugares del lado peligroso de Londres: garitos de juego, bares y clubes. Jimmy Swann no aparece por ningún lado, pero Carter puede ir descubriendo quién y por qué está detrás del ataque contra sus jefes. Otros grupos criminales están ansiosos por ocuparse de los negocios de los Flechter. Y donde hay dinero y corruptores, hay corruptos: una parte importante de la policía de la capital está dispuesta a acabar con los Flechter y su estructura si pueden sacar algo a cambio. 

Pero Jack Carter no es solo un buen mozo avispado, es un tipo duro bragado al que no le importa liarse a tiros con quien se cruce en su camino y dejar claro cuál es su ley: Él es lo más importante y la violencia es su método.

Ted Lewis escribió esta segunda novela sobre las peripecias del criminal Jack Carter después del éxito de la primera entrega Carter, traducida aquí por la misma editorial Sajalín. Cambia aquí el lugar de la acción a Londres y la sitúa unos años antes que la primera novela. Los mismos personajes son los protagonistas de esta entrega, aunque la trama aquí no es tan intensa.
Carter sigue siendo un hombre violento, asesino, violador, extorsionador y ladrón, aunque ahora no le mueve el ansia de venganza sino el instinto de supervivencia. La necesidad de que prevalezca su modo de vida y su estatus. Una ambición ilimitada le impulsa
En primera persona describe los ambientes nocturnos por los que viaja en pos del delator. Seguro que esta recreación es lo mejor de la historia, junto con la atracción y repulsión que genera Carter en el lector. Esta primera persona sirve a Ted Lewis para no liarse demasiado con la construcción de muchos secundarios: Carter es un psicópata incapaz de entender a muchos de los personajes que le rodean, sobre todo a las mujeres, cuyos intereses ni le afectan ni comparte ni comprende. Él es puro egoísmo sin remordimientos.

Una trama más simple que la de la primera novela, pero con todos los ingredientes que convierten a Carter en un irredento hijodeputa que no se deja avasallar.




Ted Lewis (Manchester, 1940 - Scunthorpe, 1982) Estudió arte y trabajó en Londres como publicista y dibujante para series y películas de animación.
En 1965 debutó con la novela autobiográfica All the Way Home and All the Night Trough, pero fue con Carter (1970), su segunda novela, con la que consiguió el éxito de ventas y de crítica. Escribió dos novelas más protagonizadas por Jack Carter:
Jack Carter's Law (1974)
Jack Carter and the Mafia Pigeon (1977)
Publicó unas cuantas novelas más que no tuvieron el eco de su trilogía del sicario inglés.

Seicho Matsumoto: La chica de Kyushu

Seicho Matsumoto: La chica de Kyushu. Barcelona: Asteroide, 2017. 261 páginas. Traducción del japonés de Marina Bornas. Título original: Kiri no hata, 1961.


Desde la ciudad de K, en el norte de Kyushu, la gran isla meridional del archipiélago japonés, llega a Tokio la joven Kiriko Yanagida. Ha llegado a la capital para convencer a uno de los más prestigiosos abogados de Japón, Kinzo Otsuka, que defienda a su hermano de la acusación de asesinato. 

Masao Yanagida, el hermano de Kiriko, ha sido hallado culpable de asesinar a la anciana prestamista Kiku Watanabe. Masao Yanagida es un joven profesor que ha perdido un depósito de dinero que le han hecho sus alumnos para un viaje. Para reparar la falta decidió pedirle la cantidad perdida a la usurera que ahora ha aparecido con la cabeza hundida a bastonazos.
Kiriko Yanagida está convencida de la inocencia de su hermano pero hay una prueba incontestable: el único pagaré que falta en la casa de la víctima es el de Masao. El maestro ha apelado al tribunal superior y su hermana está convencida de que necesita al mejor abogado penalista de Japón.
Kinzo Otsuka está demasiado cansado por el abrumador número de casos que tiene entre manos como para aceptar uno que no le reportará beneficios económicos y que significará una profunda implicación emocional. Rechaza la oferta.

Cuando su hermano Masao muere en la cárcel, su hermana decide vengar su honor trasladándose a Tokio para hacer pagar al abogado Otsuka su desinterés y su apetito pecuniario.
Comienza a trabajar  de camarera en un pequeño bar del este de Ginza regentado y servido por mujeres de Kyushu. Allí conoce al hermano de la dueña que es el maître del restaurante francés que pertenece a la amante del abogado Kinzo Otsuka. ¿Casualidad? No, Kiriko Yanagida es calculadora y tenaz. Está esperando el mejor momento para asestar al letrado el golpe definitivo que acabe con su prestigio y reponga el honor de su hermano.

Un crimen sin aclarar en el que están implicados los protagonistas será el momento de la venganza, sólo Kiriko puede ofrecer el testimonio que aclare el caso, pero no parece muy dispuesta a colaborar con la justicia que ha deshonrado el recuerdo de su hermano.


Una vez más Seicho Matsumoto demuestra su capacidad para trazar los perfiles psicológicos de sus protagonistas desde la sutileza. Tiene la habilidad de crear personajes de muchas caras utilizando tan sólo unos pocos trazos. Y consigue con acierto hacernos comprender los tabúes y condicionamientos sociales de un tiempo y un lugar alejados de nuestro presente. Unas normas sociales que pesan como una losa sobre las decisiones y el comportamiento de los personajes de sus novelas.
Matsumoto está tan interesado en el análisis psicológico de sus personajes como en la descripción crítica de la sociedad japonesa de posguerra: un lugar oscuro y sin valores sólidos.
En La chica de Kyushu tenemos oficios y formas ajenas a nuestros modos, como el peculiar trabajo de las camareras acompañantes de los bares en los que brega Kiriko Yamagida o como el crucial sentido del honor y del prestigio ante la comunidad que hace que el hermano de Kiriko tome una decisión que desencadenará la tragedia. Formas sociales que han desaparecido en nuestro tiempo o que nunca han existido en nuestro espacio pero que se hacen cercanas y compresibles gracias a la pericia de Seicho Matsumoto.

Si a la destreza creando personajes en los que podemos reconocernos a pesar de la lejanía temporal y cultural, añadimos la maña para manejar el ritmo y la tensión de la narración y la competencia para producir incertidumbre ante las decisiones que pueden adoptar los protagonistas (ya digo que son caracteres complejos), tenemos como resultado una obra que ejemplifica las mejores características de la novela negra.



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Seicho Matsumoto (Fukuoka, 1909 - Tokio, 1992). Aunque no tuvo una educación universitaria siempre fue un lector insaciable. Trabajó como publicista antes y después de la segunda guerra mundial hasta que en los años 50 pasó a dedicarse exclusivamente a la escritura de ficción. Está considerado el gran escritor japonés de novela negra y recibió todos los premios importantes de su país.
En español hay dos novelas traducidas:
El expreso de Tokio. Barcelona: Libros del Asteroide, 2014.
La chica de Kyushu. Barcelona: Libros del Asteroide, 2017.


Clarence Cooper Jr.: La Escena

Clarence Cooper Jr.: La Escena. Barcelona: Sajalín editores, 2016. 369 páginas. Traducción del inglés (USA) de Guido Sender. Título original: The Scene, Crown, 1960.


La Escena es un barrio degradado de una gran ciudad anónima estadounidense. Un barrio de negros en la década de los años 60. La heroína es el eje sobre el que gira la vida de todos los nabitantes de la Escena. Hay un capo que maneja desde la sombra el negocio de la droga: el Hombre lo llaman. Yonquis, camellos y policías quieren acercarse a él: los policías lo acechan para desmontar su red criminal, los yonquis para conseguir que les eleve a la desahogada categoría de camellos, los camellos para que los promocione dentro del negocio. Pero el Hombre es escurridizo.

En la Escena no hay un código ético, hay que resguardarse de los amigos y de la ley tanto como de los enemigos. Los yonquis no tiene ningún problema en que se sepa que son soplones de la policía si con ello consiguen atemorizar a cuatro timoratos y logran un par de tapones de heroína más, y los pequeños traficantes no tiene ningún problema en cargarse a los sospechosos de chivatazos si es lo que ordena el Hombre. Eso es lo que ha hecho uno de los personajes más activos de la escena: Rudy Black le ha metido un chute mortal a uno de los indeseables del barrio. El Hombre le ha dado a Black lo que siempre ha deseado: un puesto de camello que le permite ganar pasta y tener una fuente constante de droga. Sobre todo ahora que la persecución policial ha reducido al mínimo el tráfico.

El viejo policía de la brigada de estupefacientes Mance Davis conoce mejor que nadie la vida de la Escena. Le acaban de asignar como compañero a un joven diplomado negro sin experiencia en el mundo de la droga, Virgil Patterson. Tienen una misión: desmontar el negocio de la Escena y descubrir quién es el gran jefe capitalista que está por encima de el Hombre. Saben que si lo consiguen sólo será una tregua, pronto habrá una organización que ocupe el lugar de la desmantelada, pero los asesinatos y la violencia están aumentando en el barrio desde que el suministro de heroína ha caído. Hay que actuar con rapidez antes de que la Escena se convierta en una zona arrasada. Y que los métodos sean legales no es lo más importante. 



Clarence Cooper Jr. utiliza la trama policial para describir la vida de los drogadictos. Las pesquisas de Davis y Patterson se le quedan cortas para recorrer todos los instantes de las existencias de los yonquis, al fin y al cabo la mayoría de ellos son capaces de mentir hasta donde haga falta para conseguir un chute y su comportamiento delante de la policía no tiene nada que ver con cómo se relacionan ente ellos cuando la fuerza de la ley desaparece. Así que Cooper hace que su narrador acompañe las acciones de diferentes personajes: los policías como espina dorsal de la acción, y Rudy Black, el reprobable criminal con un código de honor, como prototipo del lumpen corrupto. Pero también se fija en las ladronas yonquis que van perdiendo habilidad y en las putas yonquis que van perdiendo juventud y en los camellos establecidos que intentan pasar desapercibidos pero que son capaces de pisar el cuello de su propia familia, y en los yonquis que quieren quitarse de la adicción, y en los camellos soplones, y en los blanquitos para los que todo empezó como un juego, y en los policías a los que no les importa utilizar la buena violencia de siempre, y en policías corruptos, y en muchos personajes más.

Una buena veintena de personajes trazados con vigor y sin piedad que, más allá de la sencilla intriga detectivesca, sirven para descubrir como la droga exacerbó la miseria de la pobreza y del racismo. Son los pobres los que padecen los efectos devastadores de la dependencia sin recursos. Los ricos siguen ganando dinero a expensas de su degradación. Las desigualdades de siempre intensificadas por la necesidad de recurrir a la dosis diaria. La necesidad física de colocarse está por encima de las consideraciones éticas. La descripción de esta pérdida de valores es lo que mantiene la intriga de la novela: los personajes pueden cambiar de opinión y cometer las más disparatadas hazañas por conseguir un pico. Todos mienten y todos saben que los demás, con seguridad, les están mintiendo.

En esta cruda novela sin concesiones de Clarence Cooper Jr. no hay valores sólidos, la droga ha licuado la endeble red social. La Escena es el retrato de las víctimas.


BOMB Magazine

Clarence Cooper Jr. Detroit, 1934 - New York, 1978. Trabajó como editor en The Chicago Messenger. Sus novelas giran en torno a la sociedad americana de raza negra, los problemas de las drogas y el mundo carcelario. Él mismo fue adicto a las drogas y estuvo algún tiempo en prisión. La primero de sus libros, The Scene tuvo un cierto éxito de crítica y público. El resto de sus seis novelas no tuvieron tan buena acogida y fueron publicadas en colecciones pulp. Murió, adicto a la heroína, en 1978. 


La Escena, Barcelona: Sajalín, 2016 es su única novela disponible en castellano.






Margery Allingham: El signo del miedo. Un caso criminal para Albert Campion.

Margery Allingham: El signo del miedo. Un caso criminal para Albert Campion. Madrid: Impedimenta, 2016. 286 páginas. Traducción del inglés de Guillermo López Gallego. Título original: en UK: Sweet Danger, en USA: Kingdom of Death/The Fear Sign, 1933.


Guffy Randall es un joven aristócrata inglés con todas las cualidades que se le suponen a cualquier aristócrata inglés: inteligencia sin deslumbrar, ingenio en su justa medida, aceptables capacidades físicas. Y sobre todo, tiene una camarilla de amigos de su misma clase social tan flemáticos y fanáticamente moderados como él. Es a sus compañeros a los que encuentra más preocupados de lo habitual en un hotelito de la Costa Azul. La desazón está causada porque el líder del grupo, Albert Campion, tiene que demostrar que sus pretensiones dinásticas sobre el minúsculo territorio dálmata de Averna están sustentadas en documentos legales que se remontan a la Edad Media y que llegan hasta el siglo XIX. La recuperación de estos documentos perdidos no tendría mayor importancia si no fuera porque en el pequeño reino se ha encontrado una importante bolsa de petroleo que puede convertirlo en un muy rentable negocio. Y a un aristócrata inglés no acaba de hacerle gracia que otro saque tajada de una empresa de la que puede tener todo el pastel.

Así que Albert Campion y su camarilla, entre los que destaca su mayordomo, Magersfontein Lugg, un expresidiario de métodos directos, se dirigen a la Inglaterra profunda, a Pontisbright, en Suffolk, ya que todas las pistas indican que allí podrán hacerse con los documentos que apoyen sus reivindicaciones. 

El ambiente en el condado es funesto. Por un lado, algún tipo de maldición tiene acogotados a los habitantes, que intentan evitar los paseos nocturnos y se protegen con símbolos y amuletos de encuentros indeseados. Por otro, una potente y despiadada empresa multinacional (colonial, se decía entonces) ha desplegado una banda de malhechores por el territorio con intenciones desconocidas.

Champion y su grupo sólo cuentan con el apoyo incondicional de la familia Fitton, tres crecidos adolescentes, Amanda, Mary y Hal, su tía putativa Hatt y el criado Despistado Williams, que regentan el albergue junto al molino en el que se hospedan los aristócratas investigadores. A ellos se suma el doctor Edmund Galley, un extraño personaje que ocupa la antigua rectoría del pueblo y que parece fascinado por el halo supersticioso del condado.

Una pista lleva a otra, cada más difíciles de seguir y que requieren más medios materiales e imaginación. Campion comprende que hay más gente, muy peligrosa, interesada en hacerse con los títulos sobre Averna con oscuras intenciones, y que no les importa cómo conseguirlos. Además, la tenebrosa amenaza que se cierne sobre Pontisbrght comienza a tomar cuerpo y a demostrar su capacidad mortífera. Hay que enfrentarse a la vez a las fuerzas de la codicia material y a las de la demencia ancestral para conseguir salir bien librados de esta aventura.


Margery Allingham arma su relato en torno al humor y a la intriga. Para conseguir un tono irónico y desenfadado cuenta, por un lado, con el carácter de sus jóvenes aristócratas: toda la carga de la flema inglesa enfrentada a misterios demoníacos y a intereses económicos capitalistas. La ingenuidad interesada de estos desocupados queda contrastada con los modos y derroches físicos de los criados, Despitado y Mr. Lugg, opuestos en formas e intereses materiales a sus amos, pero leales hasta la muerte.  

Hay una segunda contraposición. La fachada de memez intelectual e incapacidad física de Campion -que demuestra su carácter intrépido y su agudeza cuando se requiere-, resalta ante la energía desbordante de la protagonista femenina: Amanda Fitton es un torbellino de ideas y acciones. Una joven capaz de valerse por sí misma que no necesita la ayuda masculina y es capaz de tomar sus propias decisiones y de asumir las consecuencias. Un personaje fascinado por la técnica mecánica y por las innovaciones materiales que consigue dotar a la novela de un ritmo sostenido por lo inesperado de sus acciones.

Para sacar provecho de la intriga, Allingham pone en marcha tres tramas: la consecución de los papeles de Averna, el desvelamiento de la linea hereditaria de  los Huntingforest y la conjura supersticiosa del pueblo de Pontisbright. Para resolver los tres enigmas, los personajes tienen que resolver pista tras pista, pasando por situaciones en las que la acción física y el ingenio son imprescindibles. Allingham no deja que sus personajes descansen ni un momento, exige de ellos que estén en alerta continuamente y que empleen tanto los puños como la cabeza.


National Portrait Gallery

Margery Allingham, Londres, 1904 - 1966. Nació en una familia de escritores y esa fue su meta profesional desde que publicó su primer cuento con ocho años. El reconocimiento de los lectores le llegó en 1929 con la primera novela de Albert Campion: The Crime at Black Dudley. A partir de entonces escribió diecisiete novelas más con el detective aristócrata como protagonista, además de una veintena de relatos.

Rafael Bernal: Antología policiaca

Rafael Bernal: Antología policiaca. México D. F.: Fondo de Cultura Económica, 2015. 302 páginas. Prólogo de Martín Solares.

Rafael Bernal es el autor de una obra maestra del género negro: El complot mongol, escrita en 1969. Hasta llegar a esa obra escribió varios relatos relacionados con el cuento de enigma y la descripción de la sociedad mexicana. Aquí se recogen los siete que se conservan.
Hay una herencia de Chesterton y su padre Brown en el protagonista de la mayoría de las narraciones, el antropólogo doblehablado Teódulo Batanes (un estudioso de las pasiones humanas que ayuda a la policía por placer, aplicando sus asombrosa capacidad de observación) o de Christie y sus  acólitos en el ambiente de la resolución de misterios, siempre en un espacio cerrado, con todos los sospechosos reunidos sin poder huir. Pero hay también pinceladas de la ironía, el pintoresquismo y la denuncia social que después darían entidad a El complot mongol.
Hay en otro de los relatos un magnífico personaje de carácter, Margarito Vázquez, un condotiero mexicano dispuesto a vengar la muerte de su hermano estableciendo su justicia por encima de cualquier ley o fuerza.
El mejor de los relatos es La declaración, en el que dos policías interrogan a una sospechosa y reconstruyen todo el crimen y los motivos a partir de la conservación. Mínimos elementos para construir una historia, una de las características de la escritura de Bernal.
Bernal dejó de escribir relatos de misterio durante años cuando acabó estos. De hecho no volvió a la novela policial hasta que entregó El complot mongol. Será difícil abstraerse de su gran novela al leer estos relatos, buscando sus precedentes, pero es recomendable disfrutar de ellos sin ese prejuicio. La introducción de Martín Solares, el autor de la otra gran novela negra mexicana: Los minutos negros, desvela las principales claves de la escritura de Rafael Bernal.

Rafael Bernal, México D. F., 1915 - Berna, 1972, fue dramaturgo, novelista, poeta y diplomático, así como corresponsal  durante la segunda guerra mundial. Publicó libros sobre historia y novelas y relatos. El más conocido es El complot mongol (1969).

Rafael BernalEl complot mongol. Barcelona: Libros del Asteroide, 2014 (2ª edición)
Un clásico de la literatura popular mexicana escrita en los años sesenta que hoy en día sabe fresco y suena con una proximidad perturbadora. Una novela de Fu-Manchú protagonizada por un héroe maldito predestinado a resolver sus problemas mediante la violencia. Espías, conspiraciones internacionales, drogas y un sentido del humor sutil.

Filiberto García es un antihéroe de una sola pieza. Es un pistolero de la policía mexicana en los años sesenta que primero dispara y luego pregunta. Y para el caso que le ocupa en esta novela su táctica de no andarse con chiquitas le va a ser útil: magnicidios, servicios de espionaje gringos y soviéticos, triadas chinas, corrupción política y tráfico internacional de drogas. Filiberto está más allá del cinismo: sólo busca un lugar al sol donde descansar en sus años de vejez, pero la experiencia le ha demostrado que no puede fiarse de nadie -ni de los seres amados- eso le ha obligado a forjarse una coraza que él cree que le salvaguardará del dolor. La atractiva figura del personaje, así como las pinceladas de humor negro y la ironía con la que se trata la sociedad mexicana de la época hizo que esta novela se convirtiera en un libro de culto en su país desde que fue publicado en 1969. Era necesario recuperarlo ya que este pinche asesino legal que es también un viejo enamorado construye el delicioso relato de un perdedor dispuesto a dejarse oír.

Edogawa Rampo: El extraño caso de la isla Panorama

Edogawa Rampo: El extraño caso de la isla Panorama. Gijón: Satori, 2016. Traducción del japonés de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés. 160 páginas. Epílogo de Jesús Palacios. Título original: Panorama tô kidan, 1926.


Hirosuke Hitome es un escritor mediocre que malvive de pequeñas colaboraciones en revistas sin haber logrado publicar ningún libro. Un desclasado sin familia ni relaciones. Compensa su incapacidad para la vida social con un portentoso talento para imaginar morbosos mundos gobernados por él.
Hirosuke Hitome descubre que tiene a su alcance la materialización de sus delirios. En sus tiempos universitario compartió facultad con Genzaburo Komoda, un joven perteneciente a una de las más acaudaladas familias de Japón. Hirosuke Hitome es el doppelganger de Genzaburo Komoda, ellos jugaban hace años con el asombroso parecido, aunque nunca llegaron a ser amigos íntimos.
Genzaburo Komoda ha muerto. Un hombre joven, casado pero sin hijos, con una enorme fortuna. Con un enorme parecido con Hirosuke. Está claro, el dinero del muerto servirá para poner en pie la empresa vital de su doble. Lo único que tiene que hacer Hirosuke es suplantar a Genzaburo. Regresar de la tumba tras un ataque de catalepsia y hacerse con el mando de la familia y las empresas Komoda.
Horriblemente, el plan sale a la perfección e Hirosuke comienza a vender los bienes de su excompñaero para construir una isla de inquietantes espejismos y esclavos alienados. Lo único que puede hacer fracasar su plan es que la viuda Chiyoko se percate de la estafa. La solución es permanecer alejado de ella, pero Chiyoko es tan bella y tan fuerte la atracción...

Edogawa Rampo sigue las peripecias de su personaje en tercera persona y lo convierte en el centro de la narración. Muestra así los delirios de Hitome, que se convierten en un Catálogo del ero-guro-nansensu, el género erótico-grotesco-absurdo japonés, como apunta Jesús Palacios en su recomendable epílogo. Hay aquí jóvenes esclavizadas desnudas que se comportan como autómatas o zombis carentes de voluntad. Hay un juego de vivos coqueteando con la muerte, siguiendo a los personajes de Edgar Allan Poe. Hay erotismo combinado con las escenas funestas de asesinato. Hay un mundo artificial que deforma el natural para reflejar su lado más monstruoso. Y juegos de espejismos y de trucos creados con los panoramas de feria. Es la descripción de una estética obsesiva que busca distorsionar el mundo real para poder tener el control absoluto sobre el resultado.
Estamos ante la faceta más decadente y fantástica de Edogawa Rampo, el padre de la literatura policial japonesa. Aquí está en medio de las corrientes literarias más perversas de su época, y se deja llevar por ellas con un ánimo inquietante.


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Edogawa Rampo, seudónimo literario de Hirao Taro, Nabari, 1894-1965. Se graduó en la universidad de Waseda y trabajó en multitud de oficios y ocupaciones antes de dedicarse de pleno a la literatura como crítico y como autor. Escribió docenas de novelas policiales y de misterio, entre las primeras destacan las protagonizadas por el detective Kogor Akechi. Muchos de sus relatos han sido llevados al cine.
Está considerado el padre de la literatura contemporánea policial japonesa.
Los libros traducidos al castellano disponibles de Rampo:
Relatos japoneses de misterio e imaginación. Madrid: ediciones Jaguar, 2005, 2006 (2) y 2013 (3).
La lagartija negra y la bestia entre las sombras. Madrid: ediciones Jaguar, 2007.
Moju, la bestia ciega. Madrid: ediciones Jaguar, 2010.
Los crímenes del jorobado. San Hernando de Henares: Quaterni, 2016.