Jean-Patrick Manchette: Fatídica

Jean-Patrick Manchette: Fatídica. Barcelona: Navona, 2016. 124 páginas. Traducción del francés de Joachim de Nys. Título original: Fatale. Paris: Gallimard, 1977.

Aimée Joubert es un nombre tan bueno como cualquier otro para una joven con determinación. La pequeña ciudad de Bléville tan apropiada para sus planes como cualquier otro pueblo francés en el que un puñado de familias burguesas se repartan el pastel.
Aimée se mueve como pez en el agua en estos ambientes de familias acomodadas provincianas. Sabe que todas tienen algo que ocultar y que las relaciones entre ellas no son lo armoniosas que parecen. Pueden soportar traiciones y adulterios, guardar oscuros secretos y silenciar crímenes sin rehusar a aguantarse en fiestas y cócteles. Pero el dinero no se toca. De hecho, están dispuestos a despedazarse si es por una cuestión de dinero.
Aimée ya ha hecho esto otras veces: buscar la rivalidad ente los gallitos del pueblo, llevarla hasta el punto de no retorno y proponer la solución: cargarse a una de las partes a cambio de un pedazo del botín.
En Bléville las desavenencias entre las familias de los capitostes saltan a la vista y el esfuerzo para provocar a los cretinos forrados no parece excesivo. Además Aimée Joubert cuenta con el barón Jules, un excéntrico pequeño noble arruinado que ha construido un archivo con todos los tejemanejes de las fuerzas vivas de Bléville. Tal vez entre sus documentos se encuentre la confirmación de que las muertes por intoxicación de algunos vecinos del departamento se deben a medidas de sanidad poco rigurosas en las fábricas conserveras de Lorque y Lenverguez. Y el barón está dispuesto a utilizar toda su información para hundir a esos bellacos.
Lástima que la codicia sea la habitual compañera del crimen. La ambición de Aimée está muy por encima de sus recursos; además ha cometido un pequeño error de cálculo: el pacto que lava de sangre las manos de los burgueses de Bréville ha construido una unión tan fuerte que no es fácil destruirla.
Eso sí, Aimée Joubert no es de las que no da la cara ante su destino.

Aquí está el magnífico J. P. Manchette ante uno de sus temas favoritos: la mediocridad autocomplaciente de la clase burguesa francesa. Manchette hace de su narrador un notario en esta nouvelle: no hay valoraciones ni introspecciones, los personajes pasan por las páginas dejando sus acciones y diálogos sin intervención explicativa del narrador.
La casi joven Aimée aparece en las primeras páginas del libro cerrando un trabajo y demostrando su interior salvaje y descontrolable. Camina por esta aventura hacia el destino al que alude el título sin buscar justicia ni venganza. Todos los personajes tienen un punto de ruindad considerable que no es otra cosa que la consecuencia de la lucha por conservar los privilegios del poder y el dinero. Seguramente el único que elude las pesadas cargas del mantenimiento del estatus es el barón, cuyo entendimiento está severamente perturbado. Otra víctima en cualquier caso.
En el final de la novela se desatan todas las furias y Aimée llegará al desenlace que estaba previsto para ella desde que descargó el primer escopetazo en el pecho de un burgués.
Sobriedad, eficiencia, buen trazo de los personajes y un sentido del humor cínico.

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Jean Patrick Manchette Marsella, 1942 - Paris, 1995. Trabajó como profesor de francés en Inglaterra, como traductor y como guionista. Noveló varias películas y escribió once novelas. Fue el padre del Néo-polar: la recuperación en los años 70 en Francia de la novela negra como denuncia social desde la izquierda.
Entre sus novelas traducidas:
Cuerpo a tierra. Barcelona: Anagrama, 1983.
Volver al redil. Gijón: Júcar, 1987.
De balas y bolas. Gijón: Júcar, 1989. Con B. J. Sussman.
Nada. Barcelona: RBA, 2009.
El caso N'Gustro. Barcelona: RBA, 2012.
Balada de la costa oeste. Barcelona: RBA, 2013.
Caza al asesino. Barcelona: Anagrama, 2015.
Fatídica. Barcelona: Navona, 2016.



Élmer Mendoza: Besar al detective.

Élmer Mendoza: Besar al detective. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 254 páginas.


El Zurdo Mendieta anda investigando el asesinato de un adivino. En el estado de Sinaloa han encontrado el cadáver de un popular vidente acribillado a tiros. El Zurdo sabe que sus contactos en el mundo del narcotráfico le pueden ayudar a aclarar el extraño caso. Y de lo que se entera a continuación es de que la guerra entre cárteles acaba de librar otra batalla delante de sus narices.
A la capisa del cártel del Pacífico, Samantha Valdés, con la que el Gato Mendieta ha tenido alguna que otra relación profesional en el pasado, le han tendido una emboscada. Algún rival no ha reparado en gastos y munición para liquidar a la nutrida escolta de Valdés y para acabar con la capisa.
Pero Samantha Valdés es un hueso duro de roer. Custodiada por la Policía Federal en uno de los hospitales de Culiacán y asediada por los sicarios contratados para acabar con lo empezado en el atentado, la capisa se recupera lentamente mientras prepara su huida.
Su plan pasa por utilizar al Zurdo Mendieta para que le ayude, pero algo sale mal en la fuga y en mitad de la operación se desata una tremenda balacera en la que la colaboración del Zurdo con el cártel se hace evidente.
Edgar Mendieta es ahora un proscrito, objetivo de las fuerzas del orden legal y del orden ilegal. Recibe una noticia de Los Ángeles, la ciudad donde viven su exmujer y su hijo. Jason Mendieta, que estudia para policía para emular a su padre, ha desaparecido, todo apunta a que se trata de un secuestro por venganza. El Zurdo decide desplazarse a California con el apoyo del cártel del Pacífico para encontrar a su hijo. Pero en la ciudad angelina se encontrará con un dilema que debe resolver en el mínimo tiempo posible: la DEA le ofrece su colaboración si él les ayuda a detener a la escurridiza señora Valdés.

Élmer Mendoza vuelve a utilizar la figura del Zurdo Mendieta para describir la situación caótica y sin garantías legales en la que se encuentra México. En este caso el poder del dinero de la droga ha llegado también a los USA y los métodos de los policías californianos ya no se distinguen de los turbios manejos de las fuerzas estatales del otro lado de la frontera. Lo importante es el fin y los medios pueden ser cualesquiera.
Esta falta de valores éticos es lo que Mendoza quiere subrayar a través de su técnica narrativa. Casi toda la novela es un conjunto de diálogos concatenados, sin separaciones convencionales con guiones o acotaciones por personajes, con abundantes coloquialismos y giros conversacionales. El escritor deja que los protagonistas construyan la acción a partir de sus pláticas con los otros y de sus acciones, reduciendo el papel del narrador al mínimo posible: poco más que describiendo las acciones objetivas del entorno. Hay que adentrarse en los pensamientos de los personajes y en sus acciones a través de sus relaciones con los demás y contemplar como los límites que el lenguaje hablado impone: las fórmulas de tratamiento, los lugares comunes sentimentales, etc... van conformando a los actores.
Es una fórmula eficaz si se trata con la maestría con la que lo hace Mendoza en Besar al detective. Requiere una cierta dosis de concentración por parte del lector, eso es lo que busca Mendoza: no se trata de enumerar hasta la pérdida de sentido los crímenes y los males del país (& USA) si no de contemplar como se forma y se transforma la moral de los ejecutantes, que son a la vez víctimas y responsables de lo que acontece. 

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Élmer Mendoza, Culiacán, 1949. Catedrático de literatura en la universidad autónoma de Sinaloa, ha recibido numerosos premios por sus novelas. Es uno de los principales escritores que han abordado en profundidad el efecto del narcotráfico en la sociedad mexicana.





Entre sus novelas, las protagonizadas por Edgar el Zurdo Mendieta
Balas de plata. Barcelona: Tusquets, 2008. Premio Tusquets de novela
La prueba del ácido. Barcelona: Tusquets, 2010.
Nombre de perro. Barcelona: Tusquets, 2012.
Besar al detective. Barcelona: Literatura Random House, 2016.

Y otras:
Un asesino solitario. Barcelona: Tusquets, 1999.
El amante de Janis Joplin. Barcelona: Tusquets, 2001.
Efecto Tequila. Barcelona: Tusquets, 2004. Finalista del premio Dashiell Hammett.
Cobrárselo caro. Barcelona: Tusquets, 2005.
El misterio de la orquídea calavera. Barcelona: Tusquets, 2014.




Mirko Zilahy: Así es como se mata.

Mirko Zilahy: Así es como se mata. Barcelona: Alfaguara, 2016. 453 páginas. Traducción del italiano de Carlos Gumpert. Título original: È così che si uccide. Roma: Longanesi, 2015.

El comisario Enrico Mancini es el más capaz de los investigadores italianos de crímenes en serie. Quantico y los mejores técnicos del FBI le avalan, y su tremenda cultura en biología y ciencia forense y sus dotes de observación y su perseverancia. Y su experiencia. 
Una figura ejemplar de la policía romana. Era, ya no lo es. Desde que su mujer murió de cáncer el comisario Mancini no levanta cabeza. Está asolado psíquicamente: no se concentra, no puede aguantar la visión de los cadáveres, no es capaz de pasar el duelo, ni de encontrar sentido a la vida. Lo único que le motiva mínimamente es trasegar unas cuantas Peroni y descubrir el paradero del cirujano que operó a su desahuciada Marisa: el doctor Carnevali, raptado en su casa de campo.  
Pero la fiscal Podestà y el superintendente Gugliotti tienen otros planes para él. Saben que sólo él será capaz de resolver la serie de asesinatos macabros que han comenzado a producirse en lugares desolados de Roma: una joven irlandesa con los órganos estirpados y vueltos a colocar ha aparecido en las cercanías de San Paolo, un monje franciscano degollado como res en el matadero abandonado del Testaccio, un cirujano asfixiado relleno de toba romana en la titánica estructura del antiguo gasómetro... Y esto es sólo el principio: un periodista retirado ha ido recibiendo sendos mensajes electrónicos firmados por La Sombra que aseguran que no parará hasta que no cumpla con su misión.

El comisario Enrico Mancini, a pesar de lo lamentable de su condición, no puede negarse a abordar el caso. Sólo tiene dos condiciones: que pueda ocuparse en paralelo del caso del doctor Carnevali y que pueda montar su propio equipo: el agente Walter Comello, la agente en prácticas Caterina De Marchi, el forense y confidente Antonio Rocchi y el erudito retirado Carlo Biga. La fiscal Guilia Podestà coordinará la investigación.
Conforme avanza la investigación y aparecen nuevas víctimas la ineptitud del comisario se hace patente: alucinaciones, desfallecimientos, el recuerdo doloroso de la muerte de su mujer le impide avanzar con agilidad y teme que eso ponga en peligro a su corto equipo. Prefiere actuar por su cuenta sin darse cuenta de que eso es puede facilitar el trabajo de La Sombra y amenazar su propia vida.

Mirko Zilahy sabe que el héroe de las novelas negras debe estar marcado por una discapacidad para poder levantar una denuncia sobre el trato que la sociedad da a los que la padecen. O para que sirva de contraste a la normalidad hipócrita. El comisario de Así es como se mata no puede elaborar el duelo. Ha idealizado el amor a su mujer hasta el punto de no saber convivir con la pérdida. Ni siquiera el trabajo le ayuda a esquivar el dolor. Y la sociedad no tiene tiempo para estas morosidades afectivas. O sano y completo o marginado.
Mirko Zilahy ha construido en torno a este inestable Mancini una novela de enigma antes que una novela negra clásica: los protagonistas investigadores se reúnen y comentan los detalles forenses como si fueran un CSI Roma con pocos recursos materiales (pero con mucho talento individual) y los más experimentados explican a los novatos los términos y los procedimientos para que el lector pueda acceder a la cháchara técnica.
Pero con la destreza forense no tendrán suficiente para atrapar al genial asesino. La Sombra será un psicópata, pero también sabe preparar acertijos de calidad. Todas sus acciones y mensajes están destinados al equipo de Mancini: un máster en semiótica casera les ayudará a acercarse al asesino y a sus infernales maquinaciones.
Al final, el lento trabajo del equipo produce unos resultados que permiten al autor que sus personajes protagonicen algunas páginas de acción y suspense y la novela se cierre con forma de thriller.

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Mirko Zilahy, Roma, 1974. Se licenció en Lengua y Literatura extranjera en Roma y se doctoró en el Trinity College de Dublín. Ha publicado diferentes ensayos sobre literatura contemporánea y ha traducido al italiano a autores como Stoker, Boyne y Donna Tart. Ha sido editor en Minimun Fax, Fazi y Rizzoli y colabora en Il Corriere della Sera.

Martín Solares: No manden flores

Martín Solares: No manden flores. Barcelona: Literatura Random House, 2016. 454 páginas.

En el Golfo de México hay una ciudad llamada La Eternidad. Hasta hace unos pocos años era un bonito y medio tranquilo pueblo de veraneo en la costa. Hasta que estalló la guerra entre bandas. 

La Eternidad estaba acostumbrada a que los Viejos del Tigre Obregón se mataran con los de la Cuarenta, o con los las Tres Letras, o que todos lucharan contra los del Sindicato de Petroleros y su "líder moral", el poderoso cacique Agustín Fernández Vallarta. Pero La Eternidad sabía que mantendrían un cierto equilibrio. Que no asfixiarían hasta la muerte a la población.
Cuando llegaron Los Nuevos la cosa se torció. Los métodos, las víctimas y los objetivos cambiaron. Cualquier atisbo de seguridad desapareció; las fuerzas policiales, acostumbradas a contemporizar con las diferentes fuerzas en litigio, perdieron toda su capacidad de contrapeso. El terror desoló La Eternidad.

Rafael de León es uno de los potentados de La Eternidad, tal vez el más rico. Alguno de sus enemigos ha secuestrado a su hija adolescente Cristina. Las horas pasan y no hay noticias. No hay que recurrir a la policía local, podría estar implicada: su jefe, el comandante Margarito es tan peligroso e ilegal como cualquiera de los otros líderes bandidos. Rafael de León se pone en manos de Don "El Pato" Williams, el cónsul de los USA en La Eternidad. Otro oscuro personaje para la lista, experto en contrainformación y en tejemanejes en la sombra.

Don Williams lo tiene claro: sólo hay un hombre capaz de encontrar a Cristina de León. Un expolicía al que sus compañeros vapulearon hasta casi la muerte por encontrar al culpable de una serie de crímenes que no era el que convenía a su jefe, el comandante Margarito. Ese hombre es Carlos Treviño. Retirado desde hace unos cuantos años en un pueblo playero. Él es el único capaz de lograr que no se malogren las pistas, que puede conseguir que los testigos hablen, que alguna de las bandas consienta en negociar, cuando él desapareció la corrupción todavía no utilizaba de forma metódica el terror. Todavía hay quien le recuerda con respeto. Y también hay quien le odia hasta la muerte.

Treviño no le dejan otra opción que aceptar el caso y, en compañía del Bus, el jefe de seguridad de de León, comienza a buscar a los secuestradores, hay que encontrarlos antes de que pasen demasiadas horas: un par de días suele ser el plazo que aguantan con vida los rehenes.
Treviño consigue mucho más que la policía, pero conforme avanza en la búsqueda y descarta sospechosos entre los cárteles rivales, recibe más agresiones y amenazas de las que un ser humano puede aguantar. Malherido y al borde del colapso, comprende que todo su periplo por el mundo de las bandas le ha llevado hasta el punto de partida y de que allí le acecha su viejo enemigo: el comandante Margarito.

Pero Margarito tiene otras preocupaciones, Treviño es sólo una mosca cojonera y él está en medio de una batalla campal. El nuevo equipo municipal lo va a sustituir en breve. La persona que lo relevará no le tiene precisamente simpatía, es su hijo.
Margarito sabe que conseguir una jubilación tranquila y relajada, sin problemas legales, pasa por tapar algunos de los viejos asuntos y por acabar de atar un par de cabos sueltos importantes. Nada que no lleve haciendo los últimos treinta años.
Sin embargo, Margarito no cuenta con que algunas de sus muchas enemistades lo conocen bien y son capaces de cualquier cosa para acabar con él.
Mientras Treviño intenta hallar el paradero de la heredera Cristina de León, Margarito intenta conseguir un poco de tiempo para liquidar unos cuantos asuntos antes de que los asuntos lo liquiden a él. Los caminos de ambos volverán a cruzarse.

Martín Solares construye esta novela en torno a dos protagonistas. En la primera parte el narrador enfoca a Carlos Treviño. Se vale de su retiro de unos cuantos años y su vuelta a la ciudad para describir los angustiosos cambios que La Eternidad, todo el Golfo, ha sufrido en los últimos tiempos. Treviño descubre como, tras la enorme burbuja turística que hizo que la población se multiplicara, aparecieron los que querían beneficiarse de los nuevos filones: la construcción y el tráfico de drogas. Treviño se encuentra con el silencio donde antes había algo de comunidad, con el terror más absoluto donde antes había algún atisbo de ganas de vivir, con el beneficio económico donde antes había un poco de política. Si la situación era terrible y corrupta cuando a él estuvieron a punto de asesinarle, ahora es invivible: nadie en la calle, comercios que cierran en las horas más productivas, policía desaparecida en el mejor de los casos...
Y así en todos los pueblos que Treviño recorre en la desolada tierra del Golfo. Su pesquisa, interrogando a cuantos se ponen a su alcance, entrando en los círculos más peligrosos y conociendo de primera mano todas las clases sociales, desde los grandes empresarios y caciques de los cárteles hasta los proletarios de las bandas y de las empresas de seguridad, pasando por todos los profesionales mal pagados, desesperanzados y temerosos y los trabajadores esclavos, da como resultado un cuadro general de la deteriorada situación social del Golfo de México. Una ambición propia de la novela negra la de desentrañar los mecanismos de la violencia y el poder en la sociedad. Una ambición cumplida en No manden flores.
El comandante Margarito es el protagonista enfocado en al segunda parte de la novela. Martín Solares lo utiliza para contar la historia de la corrupción desde dentro: cómo se han formado las fuerzas que han llegado al poder en nuestros días. A través de sus recuerdos demuestra que la violencia y el terror existían mucho antes de que México se convirtiera en, primero, la ruta internacional de droga más importante y, después, en el gran productor de estupefacientes de los USA. La droga y el dinero del ladrillo no hicieron sino agravar el problema debido al elevadísimo valor del botín.
Treviño es, por tanto, el observador involucrado pero exterior que testifica a través de su investigación el desplome de la sociedad mexicana; Margarito es el actor responsable de esta decadencia: pelele a veces y manteador otras.
Y todo este proyecto está basado en una capacidad de contar magistral: un ritmo imparable, con dos historias diferentes que van creciendo y se complementan, espléndidos flashbacks sobre el pasado de Margarito y una creación de suspense tal como requiere la novela policial. Una cantidad enorme de personajes creíbles trabajados con esmero, víctimas y verdugos. Todos tienen su papel relevante en esta novela. Todas las expectativas cumplidas. La ambición con premio.

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Martín Solares, Tampico, 1970.
Ha escrito libros de ensayos y libros infantiles. Su primera novela negra Los minutos negros, Barcelona: Mondadori, 2006 y Reservoir Books, 2013,  se convirtió en un éxito internacional con traducciones a varios idiomas y cosechó numerosas distinciones.


Ian Manook: Yeruldelgger. Muertos en la estepa

Ian Manook: Yeruldelgger. Muertos en la estepa. Barcelona: Salamandra, 2016, 476 páginas. Traducción del francés de José Mauel Fajardo. Título original: Yeruldelgger. Paris: Albin Michel, 2013.


El comisario de la policía de Ulán Bator Yeruldelgger es un hombre anulado por la cólera y el dolor. Fue el mejor policía de toda Mongolia hasta que secuestraron a su hija pequeña para forzarle a dejar un caso en el que estaba trabajando. La niña apareció estrangulada cuando Yeruldelgger se negó a ceder al chantaje. Como consecuencia su mujer desapareció sin dejar rastro. Su otra hija adolescente también lo ha abandonado: lo odia por ser incapaz de defender a su familia, por anteponer el trabajo a la vida de sus hijos.
Yeruldelgger sigue en la policía, es un investigador eficiente, aunque está muy lejos de ser el mítico comisario adiestrado en las doctrinas y técnicas de los monjes shaolín mongoles. Vive en la yurta de una compañera de trabajo, la forense Solengo, y ha creado un grupo de confianza con la joven agente Oyún y el también principiante Billy.
Yeruldelgger tiene ahora dos casos ente manos. Por un lado, unos nómadas han encontrado el cadáver de una niña occidental que fue enterrada viva hace unos años en mitad de la estepa. Por otro, en Ulan Bator se ha hallado una buena pila de cadáveres: tres chinos han sido brutalmente asesinados, emasculados y exhibidos junto a los cadáveres de unas prostitutas mongolas.
Las pesquisas sobre la pequeña pasan por la búsqueda de sus padres, unos turistas que nunca salieron del país. Todo indica que la muerte de la niña fue consecuencia de una atropello con un quad que alguien quiso dejar en secreto.
El caso de los chinos parece más complicado, una banda de ultranacionalistas mongoles nazis tiene todo los números para ser considerada culpable, pero la intervención extemporánea de la embajada de la todopoderosa China dificulta las investigaciones y el jefe de Yeruldelgger, que se hace llamar Mickey y al que nadie respeta en la comisaría, aunque casi todos lo teman, quiere acabar con el caso por la vía rápida. Por si fuera poco, la hija adolescente de Yeruldelgger, Saraa es la coartada del principal sospechoso, Adolf, el líder de la banda: Saraa jura que ha pasado la noche de la hecatombe con él, sexo, drogas y alcohol.

Yeruldelgger es apartado del caso por su jefe, alegando las muchas implicaciones personales del comisario y porque sus métodos con los testigos son sanguinariamente expeditivos.

Pero las órdenes de un petimetre corrupto no son algo que preocupe a un buen policía: envía a Oyún tras la pista de los neonazis mongoles y al rescate de su hija y él comienza la caza del atropellador de la niña.

Ambos casos van mostrando puntos en común: siguiendo los puntos aparece la efigie de uno de los magnates más poderosos de Mongolia, Erdenbat. El suegro de Yeruldelgger. Pero para enfrentarse a tamaño enemigo el comisario debe dejar atrás todo el lastre del trágico pasado que le provoca el dolor, la cólera y la desesperanza que le aniquilan las fuerzas. Encontrarse a sí mismo le obliga a un retiro debido al que vuelve a desamparar a sus compañeros y a sus seres queridos. Su enemigo es más poderoso de lo que él cree: tal vez para cuando consiga recomponer su figura heroica ya sea demasiado tarde para todos los que ama.

Ian Manook ha construido en Yeruldelgger una gesta exótica con elementos del western. Yeruldelgger es un héroe que ha ido más allá de lo razonable en el cumplimiento de su deber. Esta desmesura lleva implícita una venganza psicológica: el dolor anula su capacidad policial y le hace incapaz de expresar sus sentimientos. Hasta aquí los elementos de cualquier carácter heroico. Yeruldelgger tiene la capacidad de redimirse, de volver a la tradición que lo forjó e hizo de él el hombre que es. Y digo el hombre porque los valores masculinos son los que dominan esta historia si estamos dispuestos a admitir que la capacidad de vengarse con violencia, a lo Peckinpah, la glorificación de la fuerza muscular (no espere que aparezca aquí ningún juez, ni fiscal, ni -por supuesto- abogado) y la capacidad de aguantar el dolor físico y psíquico son las características de la hombría.
Yeruldelgger cabalga (literalmente) por las estepas mongoles y se arrastra con pesar por las destrozadas calles de Ulan Bator. Son el espejo paisajístico de los dos tipos de personajes que aparecen en la novela. Por un lado los espíritus nobles que todavía viven en la tradición, personajes que viven en comunión con la naturaleza y sus fuerzas ocultas. Por otro lado, están los enemigos que han renunciado a la pureza ancestral, han perdido su identidad y se dejan llevar por la necesidad de conseguir dinero y poder. Son los creadores de la violencia ente iguales, de la explotación, de la corrupción: de la nueva Mongolia en ruinas.
Todavía hay un tercer grupo que engloba a todos los ignorantes y miedosos que contribuyen a la decadencia contemporánea pero en los que todavía se puede avivar el rescoldo de la unidad con los antepasados y con la historia natural.
La epopeya de Yeruldelgger es un canto conservador en el sentido de que aboga por conservar los valores tradicionales mongoles remarcando sus partes positivas y armoniosas.
El narrador muestra lo que considera los aspectos más llamativos de la cultura mongol para un occidental introduciéndolos sin brusquedad, sin que parezca una guía de viaje, creando un ambiente que explique las acciones de sus personajes y, por otro lado, propone un juego posmoderno en el que explica la deformidad con que la sociedad mongol ha retraducido lugares comunes de la historia contemporánea occidental: la manera en que han vaciado de contenido los terribles símbolos fascistas es una de los guiños más estremecedores de la novela.
El final abierto de la novela presagia nuevas cabalgadas de Yeruldelgger, todavía hay muchos cabos que atar y villanos a los que dar su merecido.

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Ian Manook es el alias de Patrick Manoukian, Meudon, 1949, Estudió derecho y ciencias políticas antes de ser periodista del Figaro, entre otros medios y editor de libros de viaje Es, sobre todo, viajero desde los 18 años.
Además de Yeruldelgger (premio SNCF de novela negra en 2014), y teniendo también como protagonista al comisario mongol, ha publicadoLes temps sauvages. Paris: Albin Michel, 2015.

RÍO NOIR

Varios autores: Río Noir. Barcelona: Maresia, 2016. 301 páginas. Traducción del portugués (Brasil) de Juan Pablo Villalobos. Título original: Rio Noir, Casa da Palavra, 2014. Compilación y prólogo de Tony Bellotto.


Catorce autores con Río de Janeiro como escenario de cuentos criminales.
¿Cuáles son los rasgos distintivos que diferencian la ciudad brasileña de otras macrourbes mundiales?
Lo que destaca una buena parte de los autores es la doble vida de la ciudad: las gigantescas favelas a las que no llega el orden estatal se levantan en torno a suntuosos barrios cuyos vecinos horteras han amasado fortunas con la violencia, la especulación y la represión. Los ricos no existirían sin la masa de pobres de las favelas y no los ignoran: los políticos los utilizan para joder a sus rivales, los policías los extorsionan para aumentar sus honorarios, las ricas maduras buscan el músculo sexual del lumpen, y las fiestas millonarias se nutren de prostitutas y de drogas provenientes de las ciudades marginales. La desigualdad es la base que produce la violencia social y familiar y ese es el carburante de la literatura negra.
Los cuatro primeros cuentos se fijan en estas relaciones entre las clases pudientes -con sus brazos armados- y el poder del gueto. La moraleja de los cuatro cuentos es que que la solidaridad entre diferentes clases sociales es imposible, cuando cambien los intereses cambiarán las alianzas. El más redondo, por complejo, de estos relatos es de Guilherme Fiuza: RJ-171.
Pero la selección no quiere sólo mostrar esta realidad, se centra también en las pobres clases medias cariocas y en cómo sobreviven a esta ciudad enloquecida: turistas cocainómanas que ya llevan años en la ciudad pero no comprenden ni media palabra de lo que les dicen (muy bueno el cuento de Victoria Saramago: Punto ciego, sobre la yanqui colgada que sobrevive creando una realidad paralela merced a lo que cree haber entendido), escritores que buscan la fama a cualquier precio, ayudantes de editor capaces de cualquier cosa por escalar en la lista de más vendidos y periodistas dispuestos a que la realidad no les estropee una buena historia. También hay policías tan honestos cuanto pueden que intentan que sus compañeros no se rían de ellos, y detectives privados y libreros de segunda mano, todos arrastrándose por el complicado equilibrio social de la ciudad y por la angustia económica.
Hay un segundo tema, además de la desigualdad, que construye el paisaje y los personajes. El amor. Presente en casi todas las narraciones, como detonante de la acción o como vía de escape: gigolos que se enamoran de sus protectoras (espléndido también el Maduritas Bien Conservadas de Tony Bellotto), travestís enamoradas de hombres cobardes, parejas que abandonan a sus mujeres embarazadas provocando consecuencias insospechadas, yonquis dispuestas a investigar la desaparición de sus compañeros camellos y mujeres que aman a anónimos admiradores que resultan bastante rana.
Aparte de dos relatos que indagan más en el horror psicopático - Caníbal de Ipanema de Alexandre  Fraga dos Santos- o en la deformación criminal de la ambición -La historia de Georges Fullar de Raphael Montes- las dos grandes fuerzas sobre las que se construyen los relatos de Río Negro son la desigualdad y el amor.
En todas las antologías se busca que los diferentes estilos, los argumentos variados e, incluso, la distinta intensidad de los relatos ofrezca una visión compleja del objeto a analizar. Río Noir lo consigue: hay variedad, calidad, diversión y denuncia.

Los autores: Tony Bellotto, Luiz Alfrefo Garcia-Roza, Mv Bill, Luiz Eduardo Soares, Guilherme Fiuza, Arthur Dapieve, Victoria Saramago, Arnaldo Bloch, Adriana Lisboa, Alexandre Fraga Dos Santos, Marcelo Ferroni, Flávio Carneiro, Raphael Montes y Luis Fernando Verissimo.
Los únicos con obra traducida es España creo que son Marcelo Ferroni: Método práctico de la guerrilla. Madrid: Alfaguara, 2012 
Raphael Montes: Días perfectos. Barcelona: Reservoir Books, 2015.


Newton Thornburg: Cutter y Bone

Newton Thornburg: Cutter y Bone. Barcelona: Sajalín editores, 2016. 386 páginas. Traducción del inglés (USA) de Inga Pellisa. Título original: Cutter and Bone, Little, Brown and Company, 1976.


Cutter y Bone son Alex Cutter y Richard Bone.
Cutter es un veterano de la guerra de Vietnam, tuerto, cojo y manco. No tiene oficio ni trabajo, un hijo de poco meses y una mujer, Mo, que proviene de la clase alta de la costa oeste. Ingiere más alcohol y drogas que alimentos. Alex Cutter, a pesar de sus irreprimibles ansias autodestructivas y de todos los trozos de cuerpo que ha dejado por el camino posee una atractivo peligroso para muchas personas (aunque la mayoría no lo tocaría ni con un palo).
Bone es un gigolo ocasional con una gentil estructura ósea y una ruinosa estructura interna. Abandonó a sus hijos y a su mujer, su trabajo de directivo en un gran empresa y la vida sólida del triunfador. Prefirió el vagabundeo y que el alcohol espesase su depresión.
Se puede decir que Cutter y Bone son amigos íntimos, aunque la capa de cinismo defensiva que utilizan continuamente haga impenetrables sus sentimientos.

Una noche de verano Bone regresa caminando al sofá que Cutter le ha cedido en su casa de Santa Bárbara hasta que encuentre algo mejor. En la oscuridad ve una sombra que arroja un paquete a un contenedor de basura. Bone está siendo testigo de cómo un asesino se deshace de su víctima, pero esto no lo sabe hasta el día siguiente, cuando aparece en toda la prensa el hallazgo de los restos de Pamela Durant, una adolescente de hábitos licenciosos.

Cuando Bone hojea los diarios un fugaz destello le hiela la sangre. Allí aparece la figura de un magnate del oeste en visita a la ciudad, J.J. Wolfe. Y por un instante ha relacionado la efigie del potentado ranchero con la difusa forma que vislumbró en el callejón hace una noche. Se rehace en un segundo, pero demasiado tarde, al ojo único de Alex Cutter no se le escapan estas cosas: decide que su amigo ha identificado al asesino. Y una ocasión así no se puede desperdiciar: hay que chantajear al canalla millonario.

Bone no puede asegurar que haya visto a J. J. Wolfe, más bien está cada vez más convencido de lo contrario. Las protestas de Bone no arredran a Cutter. Si el personaje no es el asesino no habrá pasta, pero si lo es podrían medio salir del pozo. Cutter recluta a la hermana de la víctima, una prostituta de medio nivel, para que acredite la descabellada misión vengadora-lucrativa.

A partir de aquí todo irá de mal en peor. Como siempre. Cutter tiene un coraje suicida sin ningún sentido de la prudencia, Bone una indolencia cobarde que le impide actuar. Y se enfrentan a una sociedad que está más que preparada para acabar con marginados de su especie. A lo mejor la fuerza de su amistad sirve para superar grandes peligros, pero, la verdad, no lo parece.

Newton Thornburg creó en Cutter y Bone uno de los mejores argumentos de la novela negra: un par de inadaptados con dificultades para mantenerse psicológicamente en pie emprenden una disparatada cruzada, enfrentarse a fuerzas muy superiores en todos los aspectos para sacar tajada. Es una huida hacia el abismo a lo Thelma y Louise, sólo que acaban arrastrando tras ellos a todas las personas con las que se relacionan.
Si el argumento es magistral, la construcción de los desquiciados personajes a través, sobre todo, de las interminables réplicas cínicas que intercambian (hasta abrumar) es muy eficaz. El desequilibrio emocional de los personajes, no sólo el de los protagonistas, sino también el de los secundarios, queda patente a través de los diálogos y las breves descripciones del narrador.
Ninguno de todos los que pululan por estas páginas está libre de pecado: ansiedad, depresión, codicia, cobardía, soberbia, amargura, incapacidad afectiva... El problema es que además de pecar los personajes esperan anhelantes lanzar la piedra, y buscan el sitio donde haga más daño, seas enemigo o amigo íntimo.
Creo que uno de los pocos puntos débiles de la febril aventura de Cutter y Bone es el explícito desenlace final.
Cutter y Bone es la historia de las andanzas de dos perturbados contra una sociedad que intenta rehacerse del trauma de Vietnam reforzando el clasismo, el racismo y el machismo. Una obra que debe formar parte de las bibliotecas más negras.

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Newton Thornburg, Harvey, Illinois, 1929 - Bothell, Washington, 2011. Estudió Bellas Artes en Iowa y trabajó como pintor hasta que lo dejó para emplearse en la explotación agraria de la familia y en el negocio de golosinas que poseían. Emigró a Santa Bárbara donde combinó la redacción publicitaria con la escritura creativa hasta que el éxito de su novela Knockover le permitió dedicarse en exclusiva a la ficción.