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Habeas corpus: esperando el interrogatorio

Esta semana han llegado unas cuantas novedades de interés que os paso a señalar

Sajalín recupera una novela de Clarence Cooper Jr.: La escena. Escrita en los años 60, cuenta la historia de un heroinómano dispuesto a los que sea por conseguir su dosis aunque implique resolver los terribles encargos del mayor traficante de la ciudad. La traducción de Guido Sender.

Las gentes de Siruela recuperan para su colección de Clásicos de la novela Policíaca un libro que hace setenta años que no se encontraba en España y que ahora se ha convertido en un éxito en el Reino Unido. J. Jefferson Farjeon: Misterio en blanco. Es la crónica de un puñado de viajeros que se quedan aislados en un casa desolada durante la Nochebuena. Irán desentrañando el misterio de la mansión y de los cadáveres que van apareciendo. El gran Alejandro Palomas la ha traducido.

La editorial Carena ha publicado una obra de Ulises Bertolo: Orthodoxia. Cuando la muerte no es un número al azar. Aquí, una guardia civil de la unidad de patrimonio histórico se enfrenta a la muerte de un gris funcionario que hace que se plantee su carrera. Junto a la acción contemporánea hay recreaciones históricas que son el fuerte del libro.




Sobre boxeadores machacados y puebluchos miserables, la editorial Underwood ha traducido, de la mano de (¡atención!) Rubén Martín Giráldez, Leonard Gardner: Fat City. Es la primera novela de una autor nacido en 1933, no un relato negro propiamente dicho, pero lo bastante oscuro como para devorarlo con pasión. Una pinta estupenda.


Y también más allá de la novela negra tradicional queda la obra que ganó el Pulitzer en 1943 y que ha traducido Pablo González-Nuevo para Hoja de Lata: Upton Sinclair: Los dientes del dragón. Lanny Budd un millonario marchante de arte debe convertirse en espía en la Alemania nazi y acercarse a los personajes dirigentes nazis para salvar la vida de su familia. Seguro que vale la pena.

RBA vuelve a reeditar Todos los cuentos de Raymond Chandler en la traducción de Fernando Corugedo. Para el que todavía no los tenga en casa,



Lo que ya lleva unos cuantos días son las dos nuevas descargas de la infalible editorial Alrevés. La primera, en su sello crims.cat, Lluís Llort Carceller: No n'estiguis tan segur. El sargento dels Mossos, Jaume Fuentes y su compañero investigan la aparición de un cadáver destripado en el centro de Barcelona. Todos los lugares de la novela policíaca son recorridos por los agentes hasta un final imprevisible.





La segunda es la de nueva venganza de Jordi Ledesma: Lo que nos queda de la muerte. Hace un cuarto de siglo, en un pequeño pueblo costero mediterráneo transformado por la expansión de la industria del ladrillo aparece el cadáver de una joven. Cualquiera de la comunidad puede ser el asesino, el interés está en las tensiones que se crean en una sociedad en la que todos creen conocerse.

Jordi Soler: Pinches jipis

Jordi Soler: Pinches Jipis. Barcelona: Malpaso, 2016. 160 páginas.

el cómplice, Daniel Parellada Monreal @dparellada

Solo alguien con la distancia literaria de Jordi Soler podía llevar a cabo una novela negra tan disparatada, clásica y vanguardista, realista y loca al mismo tiempo. Porque Ciudad de México (para los que la conocemos solo literariamente) se nos aparece como precisamente eso: un monstruo inabarcable que devora personas, trabajos y días en los que puede pasar cualquier cosa. En Pinches jipis nuestro protagonista es el comandante Conejero, un investigador al que, años atrás, le desarticularon su unidad de casos especiales, porque sus superiores decidieron que requería de un retiro de desintoxicación severo. Aunque nunca se rehabilitó del todo, sigue liderando el cuerpo de policía del DF, porque no hay nadie que tenga su genio, su olfato, su diagnóstico, ni sus agallas. De perennes gafas de sol, gabardina y sombrero, el rudo pero sentimental Emiliano Conejero se enfrenta, hoy, a un despiadado asesino que estrangula a sus víctimas con medias de nylon azul, antes de vaciarles los ojos con una cucharita de café. Todo apunta a un locutor radiofónico de ultraderecha que está ganando popularidad a marchas forzadas gracias a que los asesinatos se producen a su alrededor, pero, por supuesto, nada es lo que parece, y el cincuentón Conejero solo podrá solucionar el caso con la encomiable ayuda de su comparsa extravagante: la novia de piernas largas, su pesado hijo gordinflón y adolescente Macabeo, sus subalternos la Vacota y el Espectro, y las siempre bienvenidas asistencias del güisqui Cutty Sark y algún gramo de cocaína. Tanto la historia como el personaje ridiculizan y celebran el género policíaco, por lo que los amantes de lo negro no os podéis perder esta novela vertiginosa, que acaba con una delirante y etílica escena final, en la que un pinche jipi resuelve la ecuación.