Peter May: Entry Island

Peter May: Entry Island. Barcelona: Salamandra, 2016. 476 páginas. Traducción del inglés (Escocia) de Cristina Martín. Título original: Entry Island.London: Quercus, 2013.


El sargento Sime Mackenzie de la Division des enquêtes sur les crimes contre la personne de la Sûreté de Police de Quebec es asignado como experto en interrogatorios en lengua inglesa al equipo del teniente Crozes. El equipo, compuesto por ellos dos, por el sargento supervisor Lapointe y por la ex de Mackenzie, la analista forense Marie-Ange Mackenzie, debe investigar el homicidio que se ha producido en la isla de Entry, un peñasco habitado por un centenar de habitantes del archipiélago de La Magdeleine, a la entrada del golfo de San Lorenzo. Es el primer asesinato de la historia de Entry. La víctima es el hombre más rico de la comunidad, James Cowell, acuchillado en su propia casa.
Sime Mackenzie ha sido elegido por su valía profesional, un tanto mermada por el insomnio que padece desde que Marie-Ange le abandonó, y por su dominio de la lengua inglesa: en Entry Island la población es angloparlante, una rareza en medio del francofonismo quebequés. Sime proviene de una familia de las Hébridas exteriores escocesas que cambió el gaélico materno por el inglés en el momento en que emigraron a Canadá. Cuando Quebec declaró el francés lengua oficial, la familia de Sime decidió quedarse y seguir utilizando el inglés. Ahora Sime utiliza con la misma facilidad los dos idiomas. Y eso será básico en la cuestión.
La principal sospechosa del crimen es la esposa de la víctima, Kirsty Cowell. Las pruebas circunstanciales parecen confirmar su autoría. James Cowell estaba a punto de abandonar a su esposa por una amante: la esposa de su más directo competidor en el negocio de la pesca de la langosta. También la personalidad taciturna que sale a relucir en los interrogatorios a los que la somete Sime refuerzan la hipótesis. Sin embargo Mackenzie no está convencido. Un presentimiento extraño le alerta. Una familiaridad inexplicable le une a Kirsty Cowell, es una persona muy cercana a él y a la vez misteriosa. Por si fuera poco, Kirsty conserva entre sus joyas familiares un raro camafeo con un diseño idéntico al sello de la sortija que es la herencia ancestral de Sime.
Sin embargo, las pruebas son cada vez más contundentes, y la capacidad de Sime, maltrecha por su incapacidad de concentrarse, por el agotamiento del insomnio y por la tensión de las relaciones del grupo de policías, no es la suficiente como para demostrar la inocencia de Kirsty.
Sime vive cada día más envuelto en un ambiente nebuloso entre la vigilia y el sueño, martirizado por el recuerdo de la lectura que su abuela le hacía de niño de los diarios de su antepasado que salió de las Hébridas y llegó a Canadá. Un nexo irrompible le une a su antepasado tanto como a Kirsty Cowell. Parece que la resolución del caso del presente sólo llegará cuando pueda conseguir los diarios de su tatarabuelo y desvelar la verdad de su llegada a Canadá.


Peter May cuenta dos historias en Entry Island. La primera está narrada en tercera persona, bajo la perspectiva del sargento Sime Mackenzie. Mackenzie investiga el caso de asesinato en la isla de Entry, pero a la vez intenta comprender por qué ha acabado de una manera tan abrupta su relación con su ex (y ahora compañera en el caso), y, además, necesita saber la historia real de su antepasado que vino desde Escocia a Canadá y cuya vida les relataba, expurgándola, su abuela cuando él y su hermana eran niños. Las tres tramas se resolverán casi a la vez, demostrando una  estrecha relación entre  ellas.
La segunda historia está narrada en primera persona por el antepasado de sargento Mackenzie, con el mismo nombre de pila, Sime. Está construida a partir de los diarios en los que cuenta cómo era la vida en las Hébridas en las primeras décadas del XX: un mundo feudal en el que los momentos de miseria azotaban a los campesinos braceros, a los que pertenecía la familia de Sime. Su lucha por sacar adelante a su familia le llevó a enfrentarse al poder y le obligó a emigrar a Canadá. En Canadá debió seguir luchando, ahora contra nuevos prejuicios y dificultades, lejos de los lazos familiares y comunitarios. Sime Mackenzie, cómo un siglo después su descendiente policía, se pregunta quién es y qué hace en ese lugar.
El tema de la identidad es abordado por May en la novela: su propuesta es que la identidad está basada en las relaciones con los otros seres humanos, no está en la tierra en la que habitas (por muchos siglos que tu familia lleve implantada en ella) ni en tradiciones hipotéticamente ancestrales. Su protagonista en el pasado debe abandonar el mundo que conoce y que domina y debe comenzar de nuevo: a partir de la cultura que ha traído consigo debe seguir construyendo su identidad en una sociedad con nuevas estructuras, pero en las que las miserias (y las grandezas) humanas siguen siendo las mismas que en las islas escocesas. El divertido juego de los idiomas que propone May marca lo relativo de los valores culturales: el gaélico era el idioma de identidad de su comunidad y el símbolo de su identidad frente al inglés de la autoridad feudal que despreciaba el gaélico. Sime Mackenzie aprendió inglés por saciar la curiosidad que le provocaba ese extraño mundo. Ese mismo inglés es, un siglo después, el idioma utilizado por una comunidad minoritaria en las islas de La Madeleine para hacer notar su diferencia con la región de Quebec, que a la vez utiliza el francés y es su seña cultural comunal frente al inglés del resto del país. Y es la causa de que Sime sea asignado al caso en que reaparecerá su pasado.
May ha creado una novela potente sobre un mundo cambiante en el que hay que luchar contra demonios internos y  contra las inmemoriales vilezas humanas: la avaricia y la crueldad. Las dos historias que ha construido avanzan a un ritmo perfectamente medido, servidas en dosis que aumentan el suspense, enlazadas hasta que los finales se desvelen y se resuelva el presente en el misterio del pasado. Personajes complejos que intentan liberarse de la opresión, tanto de la venida desde fuera como de la autoimpuesta. Dos intrigas resueltas con eficacia, a un ritmo mantenido y llenas de interrogantes sobre lo que sea la comunidad, la familia, la identidad personal.


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Peter May, Glasgow, 1951. Escritor y guionista televisivo. Comenzó su carrera como periodista aunque pronto lo dejó para dedicarse al guión de series de televisión, algunas de ellas adaptaciones de sus propias novelas. En 1992 dejó la televisión para trabajar exclusivamente en la redacción de novelas.
En castellano se pueden encontrar las traducciones de las novelas que componen la Trilogía Lewis:
-The Blackhouse, 2009: La isla de los cazadores de pájaros. Barcelona: Grijalbo, 2011 y Barcelona: debolsillo, 2012.
-The Lewis Man, 2012: El hombre sin pasado. Barcelona: Grijalbo, 2013 y Barcelona:debolsillo, 2014.
-The Chessmen, 2013: El último peón. Barcelona: Grijalbo, 2015.




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